lunes, 9 de mayo de 2016

Palabras chancleta

Yo sé que la lengua cambia. Cómo no lo voy a saber, si paso la mitad de mi vida dedicada a explicar y a investigar por qué y cómo los hablantes y la historia que los rodea la hacen cambiar. Y no me considero particularmente purista ante eso que se llama el préstamo léxico. Es más, seguramente soy eso que llaman moderniqui, porque a veces digo too much y otros anglicismos. No pido disculpas por ello. Conozco la riqueza del español y me puedo manejar con o sin estas palabras foráneas.
Quizá porque al explicar el recorrido del español desde la Edad Media hasta la actualidad estoy habituada a ver las corrientes de entrada de palabras nuevas que han ido llegando al idioma: porque surgen necesidades, realidades materiales o conceptos inmateriales para los que se busca una palabra, o porque sencillamente crece el prestigio de lo francés o de lo italiano o, más recientemente de lo inglés... Sé que hay préstamos que salen “desde abajo”, y se extienden luego hasta el estándar y préstamos “desde arriba” (por ejemplo, cuando alguien introdujo en el siglo XV la palabra partícula y esta se extendió desde los primeros usos cultos hasta llegar a la lengua común). Me gusta que las lenguas se mezclen, que tomen prestadas palabras de otras lenguas y nunca las devuelvan: jardín, balcón, sarao, caramelo... son préstamos y me gustan. También me gustan préstamos o creaciones recientes: asistí, como todos, al nacimiento de la palabra mileurista (triste realidad, pero feliz neologismo) y me gustó ver cómo un particular innovaba y la novedad se extendía.  No pretendo justificarme, sí quiero dejar claro que el purismo no es mi religión.
Pero hay cosas que no soporto, y son las que denomino palabras chancleta, o expresiones chancleta.

viernes, 29 de abril de 2016

Organizarse (II): Cinco cosas que no hago

Continúo con mi entrada anterior sobre la organización del tiempo de una historiadora de la lengua. Esta parte que completa el decálogo reúne las cinco cosas que no hago con mi tiempo:
1. No trabajo los fines de semana. Adelantando trabajo el finde no consigues tener mucho menos trabajo, sino llegar cansadísima al lunes y rendir peor. Disfruto con muchas cosas que no son la Historia de la lengua, y la oportunidad para saborearlas con intensidad está en el fin de semana. Un principio asimilable a este me lo aconsejaron hace años: no te permitas ni medio trabajo ni medio descanso.
2. No digo que sí si quiero decir que no. Tengo mi agenda llena, sí, pero puedo decir que todo lo relevante que hay en ella lo quiero hacer. Voy a los congresos que me gustan y publico sobre los temas que me gustan. Desde hace años, además, puedo elegir las asignaturas que me gustan. Eso es una fortuna, lo sé, y una de las razones por las que para mí #FilologíaMola.

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Continúo con mi entrada anterior sobre la organización del tiempo de una historiadora de la lengua. Esta parte que completa el decálogo reúne las cinco cosas que no hago con mi tiempo:
1. No trabajo los fines de semana. Adelantando trabajo el finde no consigues tener mucho menos trabajo, sino llegar cansadísima al lunes y rendir peor. Disfruto con muchas cosas que no son la Historia de la lengua, y la oportunidad para saborearlas con intensidad está en el fin de semana. Un principio asimilable a este me lo aconsejaron hace años: no te permitas ni medio trabajo ni medio descanso.
2. No digo que sí si quiero decir que no. Tengo mi agenda llena, sí, pero puedo decir que todo lo relevante que hay en ella lo quiero hacer. Voy a los congresos que me gustan y publico sobre los temas que me gustan. Desde hace años, además, puedo elegir las asignaturas que me gustan. Eso es una fortuna, lo sé, y una de las razones por las que para mí #FilologíaMola.

sábado, 23 de abril de 2016

Organizarse (I): Cinco cosas que hago

Esta entrada no tiene que ver con la Historia de la Lengua, sino con cómo me organizo mi trabajo de historiadora de la lengua. Ser profesora universitaria es ser también investigadora (escribir libros, artículos, capítulos de libros, reseñas), gestora (en mi caso la gestión se centra fundamentalmente en dirigir mi proyecto de investigación, Historia15), directora (de tesis doctorales, TFG, TFM...), revisora de trabajos ajenos... ¡Y aún no he dicho lo fundamental y más importante!, preparar clases e impartirlas.
En las últimas semanas estoy teniendo una verdadera acumulación de trabajo, tanto del que exige mucha dedicación (terminar de escribir un libro) como del que no necesita gran esfuerzo pero sí roba mucho tiempo (contestar a decenas de correos, completar informes...). Cuando estoy sin tiempo para nada es cuando más me esfuerzo por dedicar un rato a organizarme.
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Esta entrada no tiene que ver con la Historia de la Lengua, sino con cómo me organizo mi trabajo de historiadora de la lengua. Ser profesora universitaria es ser también investigadora (escribir libros, artículos, capítulos de libros, reseñas), gestora (en mi caso la gestión se centra fundamentalmente en dirigir mi proyecto de investigación, Historia15), directora (de tesis doctorales, TFG, TFM...), revisora de trabajos ajenos... ¡Y aún no he dicho lo fundamental y más importante!, preparar clases e impartirlas.
En las últimas semanas estoy teniendo una verdadera acumulación de trabajo, tanto del que exige mucha dedicación (terminar de escribir un libro) como del que no necesita gran esfuerzo pero sí roba mucho tiempo (contestar a decenas de correos, completar informes...). Cuando estoy sin tiempo para nada es cuando más me esfuerzo por dedicar un rato a organizarme.

domingo, 17 de abril de 2016

La Z es la última

He aquí la crónica del maratón de letras...
El pistoletazo de salida dio curso a una carrera donde la zeta se quedó la última. Representantes de la Real Academia Española estaban en la grada haciendo observaciones al público de que su nombre es ZETA y no pueden usarse los gritos de zeda, ceta, ceda, que se empleaban antiguamente.
Su dorsal revela que la han inscrito la última porque se reintrodujo en latín en el siglo I a. C. desde el griego, y se colocó al final del alfabeto latino ya existente.
En la grada se observa a una mujer abanicándose indignada, es la madre de la Z; a las preguntas del periodista ella revela la causa de su enfado: la z apenas puede competir en algunas zonas hispanohablantes dado que es completamente ignorada cuando se habla, ya que ha sido relegada por la invasora /s/. ¿Es que hay un boicot a mi zeta? ¡Si hasta la reina Letizia la lleva en su nombre en clara muestra de apoyo a mi letra!-declara iracunda.
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He aquí la crónica del maratón de letras...
El pistoletazo de salida dio curso a una carrera donde la zeta se quedó la última. Representantes de la Real Academia Española estaban en la grada haciendo observaciones al público de que su nombre es ZETA y no pueden usarse los gritos de zeda, ceta, ceda, que se empleaban antiguamente.
Su dorsal revela que la han inscrito la última porque se reintrodujo en latín en el siglo I a. C. desde el griego, y se colocó al final del alfabeto latino ya existente.
En la grada se observa a una mujer abanicándose indignada, es la madre de la Z; a las preguntas del periodista ella revela la causa de su enfado: la z apenas puede competir en algunas zonas hispanohablantes dado que es completamente ignorada cuando se habla, ya que ha sido relegada por la invasora /s/. ¿Es que hay un boicot a mi zeta? ¡Si hasta la reina Letizia la lleva en su nombre en clara muestra de apoyo a mi letra!-declara iracunda.