domingo, 24 de julio de 2016

Brexida

Nunca me había dado por inventarme una palabra. Y lo voy a hacer hoy: la palabra es BREXIDA. Ahora os la explico.
Cuando yo tenía el pelo rojo y vivía en Oxford la mar de bien
Técnicamente lo llaman creación léxica, o, más poéticamente, onomaturgia. Y se aplica cuando sabemos que alguien, con nombre y apellidos y en una fecha determinada, creó un término nuevo. Lo habitual es que las palabras nuevas no nazcan así, sino que se difundan a través del préstamo desde otras lenguas, o bien se formen desde raíces ya existentes a las que unir prefijos o terminaciones. Por otro lado, lo relevante para la historia de la lengua no es tanto crear una palabra como tener éxito con ella y que se difunda. De ahí que podamos aducir como ejemplos de creación léxica solo los casos en que la palabra ha tenido aceptación social y ha entrado en la lengua. Por ejemplo, perogrullada fue inventada por Quevedo; o mileurista, la palabra que Carolina Alguacil creó y difundió en una carta a El País  en 2005. Podéis encontrar más ejemplos en este artículo del gran Pedro Álvarez de Miranda.
Así que yo voy con mi invención: brexida es en realidad una media invención, porque es la forma española que propongo para el término inglés Brexit, usado para designar la salida del Reino Unido (Britain) de la Unión Europea tras el reciente referéndum. 

jueves, 7 de julio de 2016

Aprende portugués en 10 fotos

Vais a aprender portugués ¡en 10 fotos! Estamos en plan "Nosolodeyod: curso de idiomas".
Todas las imágenes se han tomado en un reciente viaje a Oporto y Guimaraes. Tomad nota.
1. En portugués hay tudo y hay todo, el primero designa la generalidad, como en este cartel (todo comenzó en Guimaraes porque se tiene por el lugar de la batalla que funda el país). En cuanto a todo, se usa para designar a ‘todos y cada uno’ todo ser humano é mortal.
2. En portugués se pierde la nasal en posición intervocálica, eso da lugar a que la vocal se pronuncie nasalizada, y esa nasalidad se marca con virgulilla. Fijaos en el resultado de la forma latina MANU  (español mano) en esta foto.
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Vais a aprender portugués ¡en 10 fotos! Estamos en plan "Nosolodeyod: curso de idiomas".
Todas las imágenes se han tomado en un reciente viaje a Oporto y Guimaraes. Tomad nota.
1. En portugués hay tudo y hay todo, el primero designa la generalidad, como en este cartel (todo comenzó en Guimaraes porque se tiene por el lugar de la batalla que funda el país). En cuanto a todo, se usa para designar a ‘todos y cada uno’ todo ser humano é mortal.
2. En portugués se pierde la nasal en posición intervocálica, eso da lugar a que la vocal se pronuncie nasalizada, y esa nasalidad se marca con virgulilla. Fijaos en el resultado de la forma latina MANU  (español mano) en esta foto.

miércoles, 1 de junio de 2016

Una lengua muy larga

Llevaba tiempo con esto en la cabeza y hace un año lo terminé. Quería escribir un libro que reflejase todo lo que para mí significa enseñar:  allanar el camino, tender lazos entre la lengua de hoy y la de ayer, verle la poesía al lenguaje cotidiano, explicar en qué consiste ser historiadora de la lengua; en suma, y sabéis que es mi lema, quería sacar la Filología a la calle
Y ahora ese libro ha salido y me hace feliz enseñároslo. Os lo presento:
Una lengua muy larga. Cien historias curiosas sobre el español.
Barcelona: Arpa Editores.
978-84-16601-08-0
Se compra en librerías y aquí
Es una colección de 100 historias sobre una historia... la de la lengua española. Está pensado para el público en general: cualquiera podrá comprender las historias que incluyo y leerlas desordenada u ordenadamente. Los capítulos se agrupan en varias partes (Sonidos, Estructuras, Palabras, Textos...) y en cada uno de ellos (cien en total, pero bien cortos) se cuenta alguna cuestión relacionada con la historia de la lengua. 
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Llevaba tiempo con esto en la cabeza y hace un año lo terminé. Quería escribir un libro que reflejase todo lo que para mí significa enseñar:  allanar el camino, tender lazos entre la lengua de hoy y la de ayer, verle la poesía al lenguaje cotidiano, explicar en qué consiste ser historiadora de la lengua; en suma, y sabéis que es mi lema, quería sacar la Filología a la calle
Y ahora ese libro ha salido y me hace feliz enseñároslo. Os lo presento:
Una lengua muy larga. Cien historias curiosas sobre el español.
Barcelona: Arpa Editores.
978-84-16601-08-0
Se compra en librerías y aquí
Es una colección de 100 historias sobre una historia... la de la lengua española. Está pensado para el público en general: cualquiera podrá comprender las historias que incluyo y leerlas desordenada u ordenadamente. Los capítulos se agrupan en varias partes (Sonidos, Estructuras, Palabras, Textos...) y en cada uno de ellos (cien en total, pero bien cortos) se cuenta alguna cuestión relacionada con la historia de la lengua. 

lunes, 9 de mayo de 2016

Palabras chancleta

Yo sé que la lengua cambia. Cómo no lo voy a saber, si paso la mitad de mi vida dedicada a explicar y a investigar por qué y cómo los hablantes y la historia que los rodea la hacen cambiar. Y no me considero particularmente purista ante eso que se llama el préstamo léxico. Es más, seguramente soy eso que llaman moderniqui, porque a veces digo too much y otros anglicismos. No pido disculpas por ello. Conozco la riqueza del español y me puedo manejar con o sin estas palabras foráneas.
Quizá porque al explicar el recorrido del español desde la Edad Media hasta la actualidad estoy habituada a ver las corrientes de entrada de palabras nuevas que han ido llegando al idioma: porque surgen necesidades, realidades materiales o conceptos inmateriales para los que se busca una palabra, o porque sencillamente crece el prestigio de lo francés o de lo italiano o, más recientemente de lo inglés... Sé que hay préstamos que salen “desde abajo”, y se extienden luego hasta el estándar y préstamos “desde arriba” (por ejemplo, cuando alguien introdujo en el siglo XV la palabra partícula y esta se extendió desde los primeros usos cultos hasta llegar a la lengua común).
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Yo sé que la lengua cambia. Cómo no lo voy a saber, si paso la mitad de mi vida dedicada a explicar y a investigar por qué y cómo los hablantes y la historia que los rodea la hacen cambiar. Y no me considero particularmente purista ante eso que se llama el préstamo léxico. Es más, seguramente soy eso que llaman moderniqui, porque a veces digo too much y otros anglicismos. No pido disculpas por ello. Conozco la riqueza del español y me puedo manejar con o sin estas palabras foráneas.
Quizá porque al explicar el recorrido del español desde la Edad Media hasta la actualidad estoy habituada a ver las corrientes de entrada de palabras nuevas que han ido llegando al idioma: porque surgen necesidades, realidades materiales o conceptos inmateriales para los que se busca una palabra, o porque sencillamente crece el prestigio de lo francés o de lo italiano o, más recientemente de lo inglés... Sé que hay préstamos que salen “desde abajo”, y se extienden luego hasta el estándar y préstamos “desde arriba” (por ejemplo, cuando alguien introdujo en el siglo XV la palabra partícula y esta se extendió desde los primeros usos cultos hasta llegar a la lengua común).