martes, 24 de noviembre de 2009

El valor de lo pequeño

En estos días nos ocupa en clase de Historia de la Lengua el estudio de los orígenes de las lenguas romances occidentales. Ningún idioma natural tiene una fecha de nacimiento exacta: para los romances nos orientan los textos que nos revelen ya un volumen de cambios respecto al latín tal que nos permita hablar de una lengua distinta, diferente a la lengua madre y capaz de ser denominada ya con un nombre distinto.
Dejar de ser latín y comenzar a ser romance: un proceso que se plasma desde el siglo IX en Occidente a través de unos textos muy especiales, textos cortos, a menudo con propósito privado, que dejan filtrar el habla vulgar tan distinta ya de la latinidad: una notita que un monje leonés escribió revisando el número de quesos que quedaba en la despensa común y cuántos se había llevado cada compañero (la Nodizia de kesos), una adivinanza copiada en los márgenes de un códice (el Indovinello veronese, muestra temprana de italiano veronés):

la aclaración a las palabras no entendidas en un texto latino (las Glosas) o una frase pintada en la iglesia de San Clemente de Roma para ilustrar un fresco de martirio con la frase Fili dele pute traite ('hijos de p., empujad', uno de los testimonios más tempranos de italiano), que aquí os pongo en una imagen:

Son microtextos muy reveladores, y a los que dedicamos mucha atención en nuestro recorrido por la historia del español. Más próximos a nuestro presente son los micropoemas que escribe la micropoetisa Ajo, que ayer visitó la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla para ofrecer un recital dentro del curso "La voz de los poetas" dirigido por Mercedes Comellas:

Con una decoración y una puesta en escena muy sorprendentes (luces, maracas contenedoras de "puntos suspensivos", besos de papel...), Ajo ofreció sus textos poéticos, cortos, concentrados y directos como el veneno, pequeños y muy bien hechos:

"Lo que pienso yo del amor que te lo cuenten mis venas"
"¿Y si
corazón no fuese más que un aumentativo de la palabra coraza?"


"La mojama sabe a mar, que nos enseñe a las demás"
"Lo comprendí sólo hasta cierto punto. Concretamente hasta el punto G"
"En general veo mucho gusano y poca mariposa... lo noto desproporcionado"
"No me tires de la memoria que yo vengo del punk y la cresta la llevo en la lengua"
Enhorabuena, Ajo, por la actuación y por tus libros (Micropoemas y Micropoemas 2). (El próximo recital dentro de este curso, de entrada libre, será el lunes próximo a las 19,30 en la Facultad de Comunicación: Luis García Montero).
Frente a la grandilocuencia con que periódicamente celebramos los aniversarios de otros textos, las muestras esquinadas de romance temprano nos testimonian lo significativo que puede ser lo pequeño. Ni para llenar las pizarras ni, como muestra Ajo, para llenar las aulas, son forzosamente necesarias las cosas grandes.
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En estos días nos ocupa en clase de Historia de la Lengua el estudio de los orígenes de las lenguas romances occidentales. Ningún idioma natural tiene una fecha de nacimiento exacta: para los romances nos orientan los textos que nos revelen ya un volumen de cambios respecto al latín tal que nos permita hablar de una lengua distinta, diferente a la lengua madre y capaz de ser denominada ya con un nombre distinto.
Dejar de ser latín y comenzar a ser romance: un proceso que se plasma desde el siglo IX en Occidente a través de unos textos muy especiales, textos cortos, a menudo con propósito privado, que dejan filtrar el habla vulgar tan distinta ya de la latinidad: una notita que un monje leonés escribió revisando el número de quesos que quedaba en la despensa común y cuántos se había llevado cada compañero (la Nodizia de kesos), una adivinanza copiada en los márgenes de un códice (el Indovinello veronese, muestra temprana de italiano veronés):

la aclaración a las palabras no entendidas en un texto latino (las Glosas) o una frase pintada en la iglesia de San Clemente de Roma para ilustrar un fresco de martirio con la frase Fili dele pute traite ('hijos de p., empujad', uno de los testimonios más tempranos de italiano), que aquí os pongo en una imagen:

Son microtextos muy reveladores, y a los que dedicamos mucha atención en nuestro recorrido por la historia del español. Más próximos a nuestro presente son los micropoemas que escribe la micropoetisa Ajo, que ayer visitó la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla para ofrecer un recital dentro del curso "La voz de los poetas" dirigido por Mercedes Comellas:

Con una decoración y una puesta en escena muy sorprendentes (luces, maracas contenedoras de "puntos suspensivos", besos de papel...), Ajo ofreció sus textos poéticos, cortos, concentrados y directos como el veneno, pequeños y muy bien hechos:

"Lo que pienso yo del amor que te lo cuenten mis venas"
"¿Y si
corazón no fuese más que un aumentativo de la palabra coraza?"


"La mojama sabe a mar, que nos enseñe a las demás"
"Lo comprendí sólo hasta cierto punto. Concretamente hasta el punto G"
"En general veo mucho gusano y poca mariposa... lo noto desproporcionado"
"No me tires de la memoria que yo vengo del punk y la cresta la llevo en la lengua"
Enhorabuena, Ajo, por la actuación y por tus libros (Micropoemas y Micropoemas 2). (El próximo recital dentro de este curso, de entrada libre, será el lunes próximo a las 19,30 en la Facultad de Comunicación: Luis García Montero).
Frente a la grandilocuencia con que periódicamente celebramos los aniversarios de otros textos, las muestras esquinadas de romance temprano nos testimonian lo significativo que puede ser lo pequeño. Ni para llenar las pizarras ni, como muestra Ajo, para llenar las aulas, son forzosamente necesarias las cosas grandes.

2 comentarios:

GMR dijo...

Aunque las lenguas romances vengan estigmatizadas por su procedencia del latín vulgar y, por tanto, como una degradación del latín clásico, pienso que no existe un fenómeno tan admirable y digno de estudio en la historia de la humanidad como es la disgregación de una lengua madre en otras nuevas que empiezan a forjarse su propia historia de forma espontánea. Y a pesar de que la separación lingüística conlleva también la ininteligibilidad entre los grupos de hablantes que compartían anteriormente una lengua común, no menos extraordinario resulta la aparición de los continuos dialectales, esas variedades lingüísticas habladas en zonas limítrofes y con entendimiento mutuo,el cual va desapareciendo a medida que aumenta la distancia geográfica. Es sorprendente observar cómo en Europa, entre las fronteras lingüísticas, hay siempre una inteligibilidad sucesiva. Se puede llegar de una punta a otra del continente, de España a Rusia, sin un solo salto idiomático. Y sería lógico que ese salto no se produjera entre lenguas que proceden de una misma lengua madre -francés, portugués, español, italiano... y su origen del latín-, pero es que incluso entre lenguas de raíces diferentes siguen existiendo nexos de inteligibilidad. ¿Cómo se puede explicar que un italiano de Trentino Alto Adige se entienda con un austríaco germanoahablante? Además de la existencia de núcleos germanohablantes en el norte de Italia, hay dialectos como el tirolés que vinculan características del italiano con las del alemán. Lo mismo se podría decir entre las zonas colindantes del alemán y el checo, del rumano y el ucraniano, del lituano y el polaco... siempre hay una trabazón entre lenguas vecinas que aparentemente no guardan relación entre ellas. Pero la necesidad comunicativa y la economía llevan de forma natural al ser humano a redefinir su propio idioma con el fin de lograr un exitoso intercambio de información con su entorno. La aparición de un gran número de lenguas en el mundo no es sino un fenómeno enriquecedor y que hace más accesible la compresión de la cultura. Al fin y al cabo, el castigo de la Torre de Babel fue fundamentalmente un regalo de la providencia divina a la humanidad. Gaspar Murillo.

LPR dijo...

Sí, eso se llama "cadena de inteligibilidad", y esas cadenas, en las que el hablante A se entiende con el B y el B con el C, aunque no el A con el Z sirven para ser lo que llamamos en dialectología "continuos geolectales". Lenguas madres y lenguas hijas imbricadas, pero, como tú mismo cuentas, a veces se vinculan lenguas de dos familias lingüísticas en el común propósito de entenderse. Bienvenido a este blog, Gaspar; ya nos contarás algunas cosas sobre las lenguas del este que has ido recorriendo últimamente.

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