sábado, 14 de mayo de 2011

Yod is in the air

Como una presencia que no ocupa espacio, un día cualquiera puede estar trufado de guiños a la Historia de la Lengua española. Esta es la crónica del jueves pasado. Salgo de casa y me tropiezo en la calle Bailén (junto al Museo de Bellas Artes de Sevilla) con esta pequeña placa ("Calle del ABC"), que me hace recordar la frase de Valdés sobre el “abecé” español en la primeras páginas de su Diálogo de la lengua:

“Confórmase también [el castellano] con el latín en el a.b.c, aunque difieren en esto, que la lengua castellana tiene una j larga que vale por gi, y tiene una que nosotros llamamos cerilla, la cual haze que la c valga por z; tiene más una tilde que en muchas partes puesta sobre la n vale tanto como g”.

Camino a la Facultad me paro en la preciosa Casa de los Pinelo, esa joya tan poco frecuentada por los turistas, que pasan distraídos ante ella, dirigidos, mapa en mano, a la carne rosa de la Giralda o al pintoresquismo recreado del Barrio de Santa Cruz. En esta vieja casa renacentista, mojada y luminosa, con su aire italiano, se muestra hasta el 31 de mayo una modesta exposición en torno a “La Generación del 27 en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras” con libros de la Biblioteca de la Academia allí establecida pertenecientes a integrantes de la Generación del 27 o autografiados por ellos. En una de las vitrinas, el ejemplar del Polifemo de Góngora estudiado por Dámaso Alonso me recuerda al Dámaso Alonso historiador de la lengua: su capítulo sobre "La fragmentación fonética peninsular", el concepto de sintagma binario, sus trabajos sobre sibilantes en la época áurea, la metafonía, la diptongación... Hace cuarenta años hacía una evaluación de lo que quedaba por hacer en la Historia de la lengua (pág. 4 de este trabajo) y hoy me pregunto: ¿cuánto de eso nos sigue quedando pendiente?
Horas después, esa misma tarde del jueves 12, se presentó en la Facultad de Filología de Sevilla, el libro Pro tantis redditur homenaje al profesor Juan Gil Fernández, catedrático jubilado de Filología Latina en la US.


La presentación resultó oportunísima por coincidir en el tiempo con el nombramiento de este latinista como académico de la RAE. En el acto se destacó el magisterio y la trayectoria investigadora del profesor Gil, la amplitud de sus campos de interés y su pasión por los textos. Hubo quien, glosando el nombramiento del profesor como académico, pensaba que lo correcto era más bien... felicitar a la RAE. También para los estudiantes de Historia de la Lengua Española el profesor Gil es un nombre conocido, que nos ha ayudado a entender el estado lingüístico de la Península Ibérica en la etapa en la que se gesta la separación de romances, entre ellos el castellano. Capítulos como “El latín tardío y medieval” incluido en la Historia de la Lengua de Ariel coordinada por R. Cano, la recuperación de los Textos y documentos de Colón, los trabajos sobre el latín de los mozárabes o las actas de la Inquisición en Sevilla son fuentes básicas para nuestros estudios de lingüística histórica. En suma, la tarde acabó con una conformación entre latín y castellano paralela a la que mencionaba Valdés al hablar del ABC. Y la historia de la lengua parecía estar en el aire. O eso pensaba yo cuando volvía a casa. Deja tu comentario...

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Como una presencia que no ocupa espacio, un día cualquiera puede estar trufado de guiños a la Historia de la Lengua española. Esta es la crónica del jueves pasado. Salgo de casa y me tropiezo en la calle Bailén (junto al Museo de Bellas Artes de Sevilla) con esta pequeña placa ("Calle del ABC"), que me hace recordar la frase de Valdés sobre el “abecé” español en la primeras páginas de su Diálogo de la lengua:

“Confórmase también [el castellano] con el latín en el a.b.c, aunque difieren en esto, que la lengua castellana tiene una j larga que vale por gi, y tiene una que nosotros llamamos cerilla, la cual haze que la c valga por z; tiene más una tilde que en muchas partes puesta sobre la n vale tanto como g”.

Camino a la Facultad me paro en la preciosa Casa de los Pinelo, esa joya tan poco frecuentada por los turistas, que pasan distraídos ante ella, dirigidos, mapa en mano, a la carne rosa de la Giralda o al pintoresquismo recreado del Barrio de Santa Cruz. En esta vieja casa renacentista, mojada y luminosa, con su aire italiano, se muestra hasta el 31 de mayo una modesta exposición en torno a “La Generación del 27 en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras” con libros de la Biblioteca de la Academia allí establecida pertenecientes a integrantes de la Generación del 27 o autografiados por ellos. En una de las vitrinas, el ejemplar del Polifemo de Góngora estudiado por Dámaso Alonso me recuerda al Dámaso Alonso historiador de la lengua: su capítulo sobre "La fragmentación fonética peninsular", el concepto de sintagma binario, sus trabajos sobre sibilantes en la época áurea, la metafonía, la diptongación... Hace cuarenta años hacía una evaluación de lo que quedaba por hacer en la Historia de la lengua (pág. 4 de este trabajo) y hoy me pregunto: ¿cuánto de eso nos sigue quedando pendiente?
Horas después, esa misma tarde del jueves 12, se presentó en la Facultad de Filología de Sevilla, el libro Pro tantis redditur homenaje al profesor Juan Gil Fernández, catedrático jubilado de Filología Latina en la US.


La presentación resultó oportunísima por coincidir en el tiempo con el nombramiento de este latinista como académico de la RAE. En el acto se destacó el magisterio y la trayectoria investigadora del profesor Gil, la amplitud de sus campos de interés y su pasión por los textos. Hubo quien, glosando el nombramiento del profesor como académico, pensaba que lo correcto era más bien... felicitar a la RAE. También para los estudiantes de Historia de la Lengua Española el profesor Gil es un nombre conocido, que nos ha ayudado a entender el estado lingüístico de la Península Ibérica en la etapa en la que se gesta la separación de romances, entre ellos el castellano. Capítulos como “El latín tardío y medieval” incluido en la Historia de la Lengua de Ariel coordinada por R. Cano, la recuperación de los Textos y documentos de Colón, los trabajos sobre el latín de los mozárabes o las actas de la Inquisición en Sevilla son fuentes básicas para nuestros estudios de lingüística histórica. En suma, la tarde acabó con una conformación entre latín y castellano paralela a la que mencionaba Valdés al hablar del ABC. Y la historia de la lengua parecía estar en el aire. O eso pensaba yo cuando volvía a casa. Deja tu comentario...

5 comentarios:

Yago dijo...

Sin duda un jueves jovial, Lola, como han estado siendo para Juan Gil los últimos jueves hasta su nombramiento. Enhorabuena para Juan Gil, y, sí, enhorabuena para la Academia.

LPR dijo...

Adjetivo curioso ese "jovial", ¿verdad? Me suena a noticiario antiguo...

Biblioteca Juan Gil dijo...

En el aire y en canal sur. Días antes de conocer la noticia de su nombramiento como Académico, el profesor Juan Gil nos enseñaba su biblioteca en un programa de televisión. Os adjunto el enlace (empieza en el minuto 34 aprox.). Después de ver bibliotecas como esta, mis cutres estanterias billy de ikea dejan mucho que desear, tanto en continente como en contenido. Saludos Lola.

Andrés.

http://www.canalsuralacarta.es/television/video/sara-mesa---el-trepanador-de-cerebros/2196/25

LPR dijo...

Gracias por el enlace, Andrés. Mis estanterías (también Ikea, pero "Besta" y no "Billy") son esmirriadas adolescentes sin seso al lado de esa impresionante, rotunda y al mismo tiempo humana biblioteca madura.

Chus dijo...

Ahi veo el libro de Damaso Alonso que acabo de comprar en una libreria de viejo para regalar a mi hermano Coque, con el que hice el curso 1960/1961 y lo tuvimos como libro de texto.Me ha costado 20 euros Yo alucin'e con G'ongora. Gracias

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