sábado, 11 de junio de 2011

Por qué Filología

A fines de junio se celebran los exámenes de Selectividad en la Universidad de Sevilla. (Para los lectores no españoles de nosolodeyod: se trata del examen de acceso a la Universidad tras el cual los alumnos escogen qué carrera elegir).




Yo te escribo a ti que quieres marcar la X en el Grado de Filología Hispánica. Como profesora de Lengua Española en la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla te digo que esta es tu carrera..
si te gustan las bibliotecas, los libros viejos, los juegos de palabrassi te tranquiliza la letra escrita a pluma, el teatro de Lope de Vega, recitar para tus adentros ese poema que aprendiste hace añossi puedes dedicar un fin de semana completo a leer un novelón o lanzar como flecha un aforismo en forma de tweet
si sabes que el Quijote no es simplemente un loco, que las noticias dicen mucho más de lo que dicen, que hay palabras traicioneras y palabras amuletosi puedes enseñar a un extranjero la diferencia entre ser libre y estar libresi no te gustan las cuentas sino los cuentos, prefieres las historias a la Historia y sabes que viajando encontrarás la llave de los pasadizos.
Si es así, me encantará verte en un aula de mi Facultad el próximo curso. Y tú, ¿por qué estudiaste o por qué vas a estudiar Filología? Deja tu comentario.
Leer más
A fines de junio se celebran los exámenes de Selectividad en la Universidad de Sevilla. (Para los lectores no españoles de nosolodeyod: se trata del examen de acceso a la Universidad tras el cual los alumnos escogen qué carrera elegir).




Yo te escribo a ti que quieres marcar la X en el Grado de Filología Hispánica. Como profesora de Lengua Española en la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla te digo que esta es tu carrera..
si te gustan las bibliotecas, los libros viejos, los juegos de palabrassi te tranquiliza la letra escrita a pluma, el teatro de Lope de Vega, recitar para tus adentros ese poema que aprendiste hace añossi puedes dedicar un fin de semana completo a leer un novelón o lanzar como flecha un aforismo en forma de tweet
si sabes que el Quijote no es simplemente un loco, que las noticias dicen mucho más de lo que dicen, que hay palabras traicioneras y palabras amuletosi puedes enseñar a un extranjero la diferencia entre ser libre y estar libresi no te gustan las cuentas sino los cuentos, prefieres las historias a la Historia y sabes que viajando encontrarás la llave de los pasadizos.
Si es así, me encantará verte en un aula de mi Facultad el próximo curso. Y tú, ¿por qué estudiaste o por qué vas a estudiar Filología? Deja tu comentario.

81 comentarios:

Andrés dijo...

Y Porque aún pasando la semana entre balances de cuentas, pérdidas y ganancias, presupuestos y facturaciones...después de leer el capítulo 7 de Rayuela sigues siendo capaz de sentir a la Maga temblar contra ti como una luna en el agua.

EB dijo...

Porque no había periodismo en Sevilla y mi padre, que se vino a esta ciudad para que sus hijos estudiaran en la Univ. me dijo "¿¡pero no hay anda que te guste aquí?!" (entonces no había tantas becas para estudiar fuera y Erasmo era sólo un señor de Rotterdam).
Y haber sí que había. A mi me gustaba escribir y leer, y eso de estudiar literatura no era lo mismo pero, bueno, lo más afín. Y a una persona que desde los 8 años lleva haciendo análisis sintácticos con los arbolitos de Lázaro Carreter, no se le puede pedir que sienta el más mínimo interés por la lingüística.
Y mire usted por donde, estudiando filología descubrí América y desde entonces me cautivó el estudio de la gente que escribió al pié del cañón y día a día el diario de sus andanzas, de su forma de hablar....y no se me pasa. Así que, quién lo iba a decir, me especialicé en periodismo, solo que del XVI.

Ánimo a todos los que estás estudiando en Filología y estad muy atentos... ¡lo interesante y cautivador muchas veces no está en los programas!

LPR dijo...

Qué respuestas más bonitas. Tengo que pensar en mis porqués.

Verónica Ruscio dijo...

Estudié Letras y una de las materias era Filología, que terminó siendo una de mis preferidas.

Tuve un magnífico profesor, Eduardo Sinnott, que con su calidez, su enorme sapiencia y un profundo amor por la palabra, me abrió las puertas de este mundo. Suena cursi, pero no encuentro más que esta forma de decirlo.

Amé las epéntesis y las aspiraciones, los préstamos lingüísticos y el indoeuropeo, los casos de yod y de wau. ¡Ah! ¡Qué épocas! Iba a esas clases con la misma ansiedad con que esperaba a los seis años los cuentos de mi madre y los magos en los cumpleaños de amigos. La misma ansiedad; la misma magia.

A tal punto amamos los estudiantes esas clases que ¡hasta en Facebook hay un grupo llamado Admiradores de Eduardo Sinnott!

La filología es un tipo de amor, como el filial, el carnal, el platónico. Es eso justamente, un tipo de amor y es de por vida. ¡Que la etimología lo niegue, si se atreve!

Verónica Ruscio dijo...

Olvidé agregar algo importante. Cuando me decidí a estudiar Letras (que aquí en la Argentina es una combinación de Literatura y Gramática/Lingüística), todos me decían: "Te vas a morir de hambre. De eso no se trabaja. Buscate otra carrera". Pero fui tozuda y seguí adelante con mi deseo.

Pues no he trabajado desde los veinte años más que de esto, y tengo treinta y dos. Hay que tener un empuje tremendo y seguir adelante sin importar lo que venga, pero es posible y hay mucho trabajo de lo nuestro. De esto sí se trabaja y, al menos yo, no he pasado ni un tantito de hambre por la carrera que elegí.

Por lo tanto, ¡adelante, estudiantes! Que tienen un futuro hermoso delante.

Anónimo dijo...

Desde que de pequeño, siendo un niño enfermizo, mi padre me enseñó a leer, siempre he tenido claro que quería ser profesor de literatura. Quería transmitir lo que yo sentía cuando leía: un inmenso placer, no sólo por la trama de un texto, sino por cómo está construido: el empleo exacto de la palabra, el ritmo de las frases construidas, el suspense del punto y aparte. Luego conocí el latín, el griego, la sintasis, y reparé en la suerte de haber tenido al español como mi lengua materna (imagino que tal suerte la tendrán los hablantes de otras lenguas). Y me decidí por estudiar hispánicas cuando fuera a la Universidad.
El hecho de haber tenido una mala experiencia con un profesor en COU hizo que, en el último minuto de rellenar la inscripción para la Universidad, me decantara por cursar estudios de Pedagogía. Algo difícil de entender, incluso en mi entorno, pero justificado por el simple ideal de querer aprender las herramientas que hacen posible la enseñanza, para que ni yo, ni a quien enseñara en un futuro, actuara como aquel profesor que hizo huir a mis compañeros de los dativos hablativos y de interés.
Y aquí me hallo, egresado ya de la Universidad, con alegría por lo que hago, pero con una espinita clavada, que me retumba como al patriarca de los Buendía ("no sabes lo que pesa un muerto"). Pero que espero que pronto sea sacada por tantos y otros argumentos aquí descritos.
Saludos.

Pedro dijo...

Cuando de chico se acercaba la llegada de los Reyes Magos siempre les pedía, en mi rústica carta, que me trajesen la camiseta del Betis, pero, un año tras otro, aparecían con historias de bucaneros, inventores, Los Tres Mosqueteros... historias. Mi padre, que era encuadernador artístico, oficio con el no se ganaba mucho dinero, imagino que sería quién hablaría con los monarcas de oriente para trocar mis deseos. Como es lógico, con los años, el Betis no se perdió ningun fenómeno del balón y, sin embargo, sí ganó un prosélito la Filología, que no es sólo una licenciatura, sino, y como ser bético, una forma de mirar.

Azote ortográfico dijo...

Quiero empezar reconociendo que hoy soy filóloga porque en su día no pude escoger otra cosa. Quería hacer Traducción e Interpretación y el caso es que la nota de selectividad me dio de sobra. Desgraciadamente, por aquel entonces, para mi familia no era posible lo de mandarme a estudiar a otro sitio, así que tuve que ceñirme a las escasas posibilidades que tenía en Córdoba.

Ahora solo puedo decir que no me he arrepentido ni un solo día de haber entrado en Filología Inglesa. Disfruté de la carrera como una niña pequeña, adquirí un bagaje en cultura y literatura anglosajonas impagable y, actualmente, trabajo de lo que siempre quise por la sencilla razón de que un filólogo también puede ejercer de traductor una vez que domina ciertos temas y si en la carrera ha tenido la suerte (como yo) de poder coger alguna asignatura relacionada con este tema.

Me gustaría, eso sí, decir a quienes se plantean matricularse en Filología Inglesa que no, a la facultad no se va a "aprender inglés". Si queréis aprender este idioma, id a una academia o mudaros de país: es más barato y menos frustrante. El futuro filólogo inglés debe conocer esta lengua con bastante soltura o llorará sangre durante el primer año. A la facultad se va a estudiar, a aprender y, sobre todo, a leer. Muchísimo. Hasta quemarse las pestañas: de eso va la filología, de adquirir criterio y fomentar el pensamiento crítico sobre los textos que se leen.

Sobre que la filología no tiene salidas profesionales, solo puedo decir que un buen filólogo tendrá la versatilidad suficiente como para encontrar un curro que le apasione. Un filólogo malo no. Como pasa en todas las carreras, al fin y al cabo. No será fácil, pero ¿alguien dijo que lo fuera?

Trilce dijo...

Estoy terminando filología. Empecé la carrera por inercia, pero volvería a elegir esta carrera de nuevo porque no podría vivir sin pensar en todas las implicaciones de aquello que decimos y en cómo ha sido el camino que nos ha llevado a hablar como lo hacemos.

LPR dijo...

Gracias por los comentarios. ha sido una sorpresa la buena recepción que ha tenido esta entrada (¡más comentarios por favor!). Estoy emocionada porque, además, el alumno encargado de organizar el acto de graduación de este curso en Filología Hispánica en la U. de Sevilla va a mencionar en su discurso esta entrada y sus comentarios. Gracias a vosotros.

ElenaA dijo...

Yo tenía 14 años. Otoño, principio de curso. La pizarra de la clase empezó a llenarse de versos:

VIVAMUS, MEA LESBIA, ATQUE AMEMUS
RUMORESQUE SENUM SEVERIORUM
OMNES UNIUS AESTIMEMUS ASSIS.
SOLES OCCIDERE ET REDIRE POSSUNT;
NOBIS CUM SEMEL OCCIDIT BREVIS LUX,
NOX EST PERPETUA UNA DORMIENDA.
DA MI BASIA MILLE, DEINDE CENTUM,
DEIN MILLE ALTERA, DEIN SECUNDA CENTUM...

La profesora terminó de escribir el poema y empezó a leerlo en voz alta. SOLES, LUX, AMEMUS, DA MI BASIA MILLE... ¡qué familiar resultaba, y al mismo tiempo qué elegante! Catulo buscaba en el aire algún amante de la lengua a quien raptar... ¡y yo me dejé capturar!

De la mano del latín aprendí a mirar el español y el francés con otros ojos, como si tuviera un microscopio que permitiera ver la "materia" viva de la lengua por dentro. Supe desde entonces que estudiaría Filología Clásica, pero no supe hasta mucho más tarde, ya en 3º de esa carrera, que lo que yo buscaba no era latín (o no solo latín), sino Historia de la Lengua, y que para dedicarme a ella debía tender un puente hasta Filología Hispánica. La solución, un poco más de esfuerzo y de tiempo para terminar Clásicas e Hispánicas.

Y ese ha sido mi camino: latín, latín vulgar, latín medieval, fonética histórica, morfosintaxis histórica... ¿Mi primer trabajo?: traducir un tratado de escultura de un humanista italiano, escrito en latín del s. XVI, un encargo de la editorial Akal para una colección de fuentes de Arte.

Y hoy, como a la autora de este blog, sigue emocionándome ver reflejada en cualquier momento, en cualquier lugar, la huella del paso del tiempo por nuestra lengua. Felicidades por tu blog, Lola, y muchas gracias por habernos dado esta ocasión de compartir nuestros porqués... Por cierto, ¿los tuyos...? ;-)

LPR dijo...

Mi porqué fue más bien un ¿por qué no? No sabía qué había detrás de una palabra con demasiadas sílabas como Filología, pero sí que no me gustaba otra cosa que no fuera leer y traducir. El Arte, la Historia o el Periodismo me atraían, pero todo era demasiado público en comparación con el secreto íntimo de la lectura. Y fíjate, ahora escribo un blog público.

Olga y Tamara dijo...

Nuestro por qué empezó desde pequeñas, en el cole ya pensábamos que nos queríamos dedicar a la enseñanza, a esto se unió el buen trato y la forma de enseñar de nuestros profesores del instituto. No nos referimos sólo a los de lengua sino a todos en general. La asignatura de lengua y literatura siempre ha sido la que más nos ha gustado aunque para entrar en la universidad nuestra primera decisión fue filología hispánica, otras opciones que nos planteamos fueron: periodismo, historia del arte, magisterio... como véis todo relacionado con la lengua, la historia, la cultura. No nos arrepentimos de haber estudiado filología hispánica aunque haya gente que te pregunta ¿y eso qué es?, ¿eso no tiene salida, no? Si os gustan las letras y en concreto la filología adelante, a estudiar y a leer mucho, haced lo que os guste y no penséis en lo que digan los demás, al fin y al cabo vosotros sois los que vais a ir a clase y vais a estudiar. Lo más bonito de esta carrera es que ves en los libros, en las palabras, etc. lo que otros no ven con una simple lectura y te sientes conmovido al conocer tanto tu lengua materna y aprendes a apreciarla.

Verónica Rivera dijo...

Cuando en 2º de BUP empecé a estudiar latín, las piezas de mi puzzle lingüístico comenzaron a encajar. Después llegaron las "historias de palabras" que me contaba mi profesor de lengua en COU y, finalmente, la decisión de estudiar Filología. Recuerdo que no había apenas nadie en la cola para matricularse: "aquí casi todo el mundo viene de rebote y en septiembre" me dijeron en secretaría.
Guardo un especial cariño de mi tercer curso en la Facultad, cuando estudié Gramática histórica y Español de América (mi tema de investigación hasta hace unos años).
Me apasiona el sonido de los diferentes acentos de nuestra lengua, la relación entre lengua y sociedad, las palabras con historia... Gracias, Lola, por hacerme pasar un buen rato entre recuerdos.

Puri Jurado dijo...

Desde que estaba en sexto de EGB ansiaba llegar a tercero de BUP porque una prima mayor que yo me había comentado que ya en ese curso se podía elegir la opción de Letras o Ciencias. Y ya tenía clarísimo cuál sería mi elección.

En primero de BUP oí hablar por vez primera de la Filología y tomé aquella otra decisión: estudiaría Filología Hispánica.

En 1998 comencé la carrera en la Universidad de Sevilla. No marqué ninguna otra X en mi preinscripción. O hacía Filología o hacía Filología.

En ese instante comenzaban las preguntas de familiares y conocidos: ¿eso para qué sirve?, ¿y qué salidas tiene? O, peor aún, la afirmación cruel: “eso no tiene salidas”. Incluso había profesores de la propia Facultad que sí nos auguraban un futuro profesional como filólogos, pero en Brasil. Ante eso, mi respuesta fue la indiferencia. No me importaba que no hubiera un futuro definido (¿quién lo tiene en realidad?), pero yo dedicaba mi tiempo a lo que me gustaba y me formaba en mi verdadera pasión: las letras, los libros, la literatura… Lo que viniera después, sinceramente, dejó de preocuparme. Quería disfrutar de aquellos años sin tener que estar sufriendo por la sombra, la supuesta sombra negra, que nos aguardaba a los filólogos al terminar quinto de carrera.
Y así, disfruté, sufrí, me angustié durante aquellos cinco cursos entre las paredes de la Fábrica de Tabacos. Y las horas en la Dante, las clases en el aula 103, los nervios en el estómago por los pasillos de los Departamentos para ver las notas o las mañanas de hemeroteca para buscar aquella información sobre Bécquer serán momentos evocados siempre con nostalgia.

Terminé en 2003 y aprobé las oposiciones de Secundaria en 2004. Por tanto, siempre he trabajado en esto. De manera que animo a quienes opten por la Filología porque solo la vida se encarga de ir abriéndonos o cerrándonos puertas; no seamos nosotros quienes de entrada, por miedo o exceso de previsión, no le (o nos) concedamos esa oportunidad.

Un saludo.

Ana dijo...

Hola:
Yo soy filóloga porque es mi vocación. No entiendo mi vida sin la palabra sea pronunciada, cantada, escrita (donde y como sea).
Para ello he aguantado chaparrones, horas de insomnio, críticas de una familia que no me entendía, a profesores que me han dicho "no sirves" y que al final se han tragado sus palabras...
Soy filóloga por amor. Me enamoré de la literatura española, de los juegos de ironía de Quevedo, de esa poesia de Góngora a los muros de mi Córdoba, me enamoré de esas faltas de ortografía, del deslizar del bolígrafo sobre el papel, de la dulzura que desprenden esos poemas de amor de los escolares.
Soy filóloga por ideología. Todas las mañanas miro los libros que se me amontonan en la mesilla de noche mientras que mi chico me dice "saca eso de la cama y ven aquí" y le digo que espere que quiero mirar una cosilla.
Soy filóloga por rabia. No es fácil salir a la calle y encontrarte escrito en una cochera "proibido haparcar" y no poner el grito en el cielo.
Soy filóloga por la promesa que hice de tener un libro abierto para transmitir los conocimientos que he adquirido y tener otro libro cerrado para guardar en mi corazón los secretos que esta disciplina guarda.
Soy filóloga porque sé que en una isla desierta sería la primera en morir para salvar al resto, pues mis conocimientos son inútiles, pero también que puedo enseñarles a aprender de su entorno solo con los ojos de la palabra.
Soy filóloga porque no me queda más remedio. No aguanto la sangre, no soporto las operaciones matemáticas de más de cuatro cifras, no me gustan los animales, tampoco tengo el estómago que tienen los abogados y mucho menos se me da bien dibujar con compás, escuadra y cartabón.
Soy filóloga porque me gusta escribir. Soy de esas personas que redactan quejas solo por entretenerme escribiendo.
Soy filóloga porque me gusta leer y me leo hasta los papelillos rotos que me encuentro por la calle.
Y sobre todo soy filóloga porque quiero serlo y porque me hace sentirme libre.

Un saludo cordial a mis colegas de carrera.

LPR dijo...

Y un saludo a ti, Ana, por este texto tan sincero.

Verónica Ruscio dijo...

Ana, me enamoré de tus razones. Podría servir de manifiesto para todos los que amamos esta profesión. :-)

Un beso.

Anónimo dijo...

Si no te gusta mucho leer libros , seria una buena opcion coger de carrera una filologia ? pero es que me en encanta la linguistica pero la literatura no .

LPR dijo...

Pues, me temo que sí, que tienes que leer libros. Vuelve a leer la entrada y los comentarios...

Fer dijo...

Yo estoy en cuarto de alemana porque quería aprender el idioma, que es la lengua de mi chica —no me veía hablando alespánglish indefinidamente— y la carrera me resultaba mucho más interesante que aprender en una academia a pelo; como por mi horario laboral podía ir dos de cada tres semanas a clase, no me lo pensé dos veces. En resumen, me metí porque me apetecía.

PD Lo de animar a lanzar aforismos alegremente no termina de convencerme: ya puedes ser catedrático, que eso no te garantiza el ingenio. O quod natura non dat, Salmantica non praestat.

PPD Anónimo: ¿Y no te has planteado estudiar un grado de lingüística?

Angelus-Ruy dijo...

De aquellos que dicen algo
con lo que perjudicar
a lo que tanto amar
sin pedir nada a cambio

qusieren, de ellos harto
estoy yo de escuchar
y no me amilanarán:
no me bajaré del barco.

Entiéndase barco por filología, porque si bien muchos creen que nada tiene que ver con el progreso de la sociedad, muy equivocados están, porque lo que está claro es que la filología, como el resto de humanidades aportan al mundo una caja de Pandora, un recipiente que permite que la sociedad no pierda su esencia humana.

Sin filología, y humanidades, el mundo sería de hombres-máquina. Dedicados al cálculo (ya serio, como cálculos sobre cómo se moverá este o aquel átomo, ya quizás menos serio, como cómo se moverán espiritualmente aquellos individuos que han sido esclavizados por aquella multinacional en su afán de crear hombres-máquina) Nosotros traemos una cosa que es fundamental, ¿quién lo duda? Traemos un poquito de libertad. Las humanidades, con sus conocimientos y críticas, producen en los hombres un pensamientos ético, estético y crítico que es fundamental para poder decir ¡no! a una mentira, a lo feo, o lo impuesto. Porque el filólogo de verdad, conoce del alma humana a través de sus lecturas más que un abogado o un periodista (y sí, permítanme criticarlas, aunque sea así) no pueden darnos lecciones de muchas cosas, aún así, nos desprecian, por ser filólogos, por ser estudiosos o conocedores (más o menos) de pensamientos, de gustos, de saberes.

Frente al complejo de inferioridad,se impone mi espíritu libre y amoroso por lo que hago, porque me hace libre, porque me hace libro.

Ángel Luis Robles Álamo.

PD: aún no he mirado la lista de libros, pero ¿se puede elegir en el sentido de mostrar preferencia?

Laura Esteban Araque dijo...

Por qué Filología... bueno, lo primero que sé, es que tengo un recuerdo, estando en la puerta del aula de música en 2º de Primaria, y decir: "yo quiero ser profesora de Lengua". Desde entonces, mi interés por la lengua española y la literatura fue en aumento. También fue por aquel entonces cuando empecé a escribir poesía.

En el instituto me encantaba la asignatura de Lengua y Literatura y es que, además de lo que se estudiaba, tuve muchísima suerte con los profesores que, cuando se enteraron de mi decisión de estudiar esta carrera después de Selectividad, me apoyaron en todo momento y me hablaron mucho y muy bien de la carrera.

El año pasado empecé la universidad en 1º de Filología Hispánica (ahora no se llama así... pero rechazo totalmente el nombre que le damos en la Complutense)y, a pesar de que nos metieron alguna asignatura que no tenía nada que ver con la carrera, me di cuenta de que aun habiendo entrado por la literatura, la parte que concierte a la gramática me fascinó enormemente; de hecho, lo hizo de tal manera que en el segundo Cuatrimestre fui a clases de Gramática I de 4º y fue maravilloso.

Este año estoy en 2º de carrera y tengo la suerte de que me dé clase gente tan importante como José María Díez Borque -Literatura del siglo XVI- y de que, además, me siga gustando tantísimo como esperaba y empiece a investigar por mi cuenta, manejando manuales, artículos... en definitiva, tratando de ir más allá de lo que nos dan en clase.

Otro de los motivos por los que elegí Filología hispánica fue para poder aprovechar mi situación de hispanoparlante e ir al extranjero a enseñar español, utilizando los idiomas que sé de forma práctica (preferiblemente el francés).

Mi concepción de la Filología no se queda en la facultad... por ello, decidí que había que vivirla con entusiasmo. Así me he hecho amiga de escritores actuales (José Guadalajara, Luis García Montero) y he podido conocer y coincidir con otros (Almudena Grandes, Joan Margarit, Luis Alberto de Cuenca, etc.)

No me veía estudiando otra cosa... ¡y es que la Filología es lo mejor que se puede hacer!

David Avilés Hidalgo dijo...

De pequeño,me gustaba el sabor que medejaban los cuentos de Angela C. Ionescu."Donde duerme el agua",fue el primer libro que me compré en mi vida de manera consciente y voluntaria.Hasta entonces,devoraba y desvalijaba las colecciones de libros de mi hermano -nunca le gustó leer,al muy capullo- de mis vecinos,amigos...
Decidí que en cuanto pudiera,iría comprando todos los libros que quisiera.Los leería y releería,sin tener que preocuparme de devolverlos,porque serían míos.Luego llegaron las historias de detectives de Wolfgang Ecke, y la gran revelación en mi vida de niño lector: Gerald Durrell.
Aquello empezó a desmadrarse.No me cabían los libros en el mueblecito que compartía con mi hermano -el capullo de antes, que seguía sin leer- en mi dormitorio del piso.La mudanza a mi casa nueva,con 11 años,me proporcionó muchísimo espacio.No uno,sino dos muebles-librería para mí solito.Había que llenarlos.Mi pobre abuelo me advertía:"te vas a poner tonto de tanto leer".Quizás tenía razón,pero siempre le decía que no se preocupara,que ya había en el mundo demasiados tontos que no leían,y que uno más,pero en versión lectora,no se iba a notar.(Ahora,evoco esto y me digo: era repelente).
Me dejaron por imposible.Que siga leyendo,qué se le va a hacer.Igual aprende cosas buenas,mejor que estar tirado en la calle y drogarse.
Pobrecillos.Sabían ya que era adicto: en verano podía pasar literalmente todas las horas que estaba despierto leyendo (salvo las comidas y el aseo,y a veces ni eso).Era un "yonqui".
Me iba haciendo mayorcito: instituto,sueños de ser periodista (o biólogo,para observar animales y escribir sobre ellos, y por fin...la maldita Selectividad,donde una décima de menos podía condicionar tu futuro.Con matemáticas pendientes -qué raro- me conformé con aprobarla en septiembre.No hay nota para periodismo.A fastidiarse...o no.Seguí un plan B.Magisterio,por la rama de lengua,prometía: podría seguir leyendo.
Obtuve muy buenas notas en literatura española,literatura infantil y juvenil,sociología literaria...terminé Magisterio.Pero quería más.¿Qué hacer?
Eh,un momento...
¿Por qué no se me había ocurrido antes?Había algo llamado Filología Hispánica.Me dije: allí no se meten contigo porque leas,chaval.Es más,a lo mejor estudiando esto te haces mejor lector.Encima te dan otro título.A por ello.
Choqué con la realidad:había que estudiar mucho más que en Magisterio,leer cosas que no me atraían demasiado en ocasiones.Luego estaba la -¿cómo era?- "letra" esa rara que daba tanta lata y la liaba parda entre los sonidos -vocálicos o consonánticos- con los que se juntaba.La muy sádica,llegaba a hacer barbaridades con ellos.Incluso los "inflexionaba",provocando efectos como "metátesis" y cosas que sonaban a tecnicismos forenses.Yod se llamaba.La madre que la parió -o las parió,porque eran cuatrillizas,según Menéndez Pidal- se quedó tan a gusto.
Al final,la Yod,o "yodes",que más da,nos hicimos,si no buenos amigos,vecinos tolerantes. Me dieron el título.Uf.
Pero:¿qué pasaba con mi adicción?
Seguía leyendo.Pero ahora la lectura era diferente.Algo había ido cambiando en esos años.Me había dado cuenta que leía con más...("mala leche" no suena muy científico,¿no?) Bueno,conciencia literaria crítica.No se enfade,don Esteban. Era broma...
Me había dado cuenta,me sigo dando cuenta,de que estudiar Filología Hispánica fue una de las dos o tres cosas de las que he hecho en mi vida que me han servido para sentirme orgulloso.Es bucear,caminar y volar sobre un universo de cultura,de mi lengua y de lo que se ha escrito con y sobre ella.Es la herencia de personas que han consagrado sus vidas a algo que a mí,personalmente,me ha servido para...seguir leyendo.No es mala cosa,creo.Al final,querido abuelo,si vivieras para verme,ojalá pensaras que no me he vuelto demasiado tonto...
Gracias por este espacio, Lola.
David A. H.

Antonio Pedrote dijo...

Decidí estudiar filología por dos razones; la primera fue que me encantaba, y me sigue gustando, hacer análisis sintácticos. La segunda, que huía despavoridamente de las ciencias. Fue una elección por descarte. Hice dos cursos y medio de carrera sin mucho éxito y con menos interés, porque quizá no era el momento apropiado (cada uno tiene su tempo).
Después, algunas circunstancias personales y económicas me obligaron a insertarme en el mundo laboral, dejando de lado el académico. Tras varios años sin estudiar, me planteé la idea de seguir con los estudios o cambiar de carrera. Esto último fue debido a que continuamente oía voces que aludían a la escasa salida profesional que los estudios filológicos me iban a proporcionar en el futuro.

Un día vi un anuncio publicitario en televisión cuyo contenido fue desolador. En dicho anuncio un voluminoso carnicero despachaba un enorme chuletón utilizando como envoltorio su diploma de la licenciatura en Filología Hispánica. Aunque pueda parecer una cuestión nimia, ahora que estoy terminando la carrera pienso en aquel anuncio y lo veo desde otro punto de vista.

Creo que a menudo nos obcecamos con la consecución de un título que no debiera ser otra cosa que una acreditación, un digno colofón a un proceso en el que se han adquirido unos conocimientos que nos van a servir no solo para desempeñar una actividad laboral, sino también para nuestro bagaje vital y cultural.

Ahora, la perspectiva que dan los años hace que parezca que las cosas han cambiado. Las tediosas e interminables listas bibliográficas han pasado a ser una cómoda oportunidad para ampliar los conocimientos que más me interesan. El profesor del que todos huían y con el que era imposible aprobar la asignatura se ha convertido en una fuente inagotable de conocimientos de la que bebo diariamente. El viejo y frío edificio del que en otro tiempo sin haber entrado ya estaba deseando salir se ha tornado monumento centenario del que todavía hoy sigo descubriendo bellos rincones.

En realidad todo sigue igual, nada ha cambiado excepto yo. Hoy Miguel Hernández, Cervantes o Clarín me cuentan la vida de forma distinta a como lo hacían hace diez años. Si tuviera que empezar de nuevo, sin duda volvería a estudiar Filología.

LPR dijo...

Yo recuerdo ese odioso anuncio. Suscitó quejas formales de asociaciones de filólogos, y desde luego, hizo que jamás deseara comprar la revista Quo (creo que era la que se anunciaba). Pero si te sirve de algo, yo he visto trabajar a todos mis compañeros de promoción: como enseñantes, en editoriales, asesores de políticos y hasta concejales de cultura. Y testimonios similares puedes leer en los comentarios anteriores a este,

María Córdoba Rodríguez dijo...

Yo no soy filológa. No sé cuántas veces habré pronunciado estas palabras en las últimas dos semanas: yo no soy filóloga. Estudié la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas empujada por una moda, un poco peliculera, en la que todos los "bachilleres" querían ser publicistas o periodistas porque creíamos que seríamos los más creativos y los más molones... Nada más allá de la realidad. Me bastó un curso de Lengua española: norma y uso, en primero de carrera, para darme cuenta de que a mí lo que me gustaba era eso; que mi única creatividad residía en la medida en la que podía jugar con el lenguaje. Freehand, Photoshop, Dreamweaver... asignaturas que me hacían sentir que perdía el tiempo, no me motivaban, ni me gustaban. Pero como yo no soy de rendirme (bajo ningún concepto), terminé mi carrera, e incluso la puse en práctica profesionalmente... Pero ¿qué estaba yo haciendo con mi vida? Tan joven y trabajando en algo que no me gustaba nada...

Así que seguida por un impulso más emocional que racional lo dejé todo para hacer el antiguo CAP y dedicarme a la enseñanza de Lengua española en secundaria y bachiller.

Desde que me dedico a la enseñanza las ansias por profundizar mis conocimientos han ido aumentando día tras día... hasta que la filóloga frustrada que hay en mí me sentó en esta facultad, en su clase. Sí, soy la publicista del máster. No sé qué es la yod, no sé latín, ni sabía lo que era un mapa morfo-sintáctico hasta el pasado viernes, pero tengo muchísimas ganas de aprenderlo todo, todo me fascina, los libros antiguos, las profesores de literatura, los profesores de lengua, los compañeros, el edificio y su arquitectura...

Si tuviera que resumir mi experiencia filológica de estas dos semanas en un eslogan, éste sería:
- Filología, encantada de haberte conocido.


María Córdoba Rodríguez

Esperanza dijo...

«Ave, Caesar, morituri te salutant» Justo esta es la frase que me hizo decidirme por Filología,aunque sea en latín.

El camino empieza cuando me doy cuenta que las matematicas me causan verdaderos "problemas" y no aquellos tipicos de los trenes que me hacían la vida imposible: ¿Donde se encuentran dos trenes que van a velocidad...?bla,bla,bla...

Directamente,me decido por hacer letras y mi profesor de lengua y literatura tiene un don para transmitir el gusto por la literatura y por la lengua.Yo le comento la atracción que me producen las letras y me anima,exigiendome más nivel que al resto de la clase,a seguir el mismo camino suyo.Quizás pareciera un abuso,pero la verda que me hacía sentir que valía para eso,me recomendaba libros e incluso me explicó una por una las asignaturas de la carrera.En fin,que me enganchó...

Y que significó para mi la frase latina?Pues bien,en una clase de latin ya en 2º de bachillerato,mi profesora de latin contaba que siempre había querido dedicarse a esto, pero que justamente el latín se le atragantaba.Entonces nos contó una anécdota con esa oración.Era uno de los ejercicios de un examen que debía de hacer ella, y como no tenía ni idea decidió traducir tal cual a ella le convenía.

La traducción que hizo fue la siguiente: Las gallinas de César, mueren por falta de salud. Estuvimos riéndonos clases y clases y hubo un "click" en mi cabeza que dijo: "Pues el asunto de las letras es bastante curioso, porque para una persona que no sabe latín perfectamente hace sentido...". Entonces pensé que como era una frase tan conocida, la gente debía de saber su significado real y empezé a contarsela a mis más allegados con esta anécdota.

A día de hoy,esa misma gente que sigue tratando conmigo se acuerda de la frase en latín y de los dos significados (el real y el improvisado). Y esa misma gente, también me pide que le recomiende lecturas curiosas o que le resuelva asuntos gramaticales (que a veces no se muy bien...).

En parte, algunas personas creen que las letras tienen poca utilidad,poco sentido en la vida diaria...pero ellas mismas, en sus ratos libres no estudian contabilidad, ni farmacia, ni biología...sino que se compran un libro (del tipo que sea).

En resumen,esa es mi historia, y cierto es que mi verdadera pasión es la literatura.Además, tengo que confesar que profesores de mi carrera me han enseñado un nuevo camino que es la literatura hispanoamericana, que no conocía pero que hoy en día me encanta.

Un saludo y buenas tardes.

Joaquín Gómez Sánchez-Molero dijo...

Mi historia se remonta a cuando yo tenía 17 años, que es cuando empecé a interesarme por la cultura. Era un chico de ciencias(desde pequeño me gustaban especialmente las matemáticas). Sin embargo, cuando empecé bachillerato, vino un profesor de un pueblo de Ciudad Real a darnos clases de filosofía. Me encantó su forma de ver el mundo, muy diferente a la que había conocido hasta ese momento. Como no tenía nada claro qué carrera escoger, decidí seguir sus pasos. Allí empezaron a emerger en mí nuevas inquietudes, sobre todo en el ámbito de la cultura española (historia, pensamiento político, literatura...). Así que para "descongestionarme" un poco de tanta filosofía, que a ratos se iba haciendo bastante pesada, decidí hacer también Filología Hispánica en la complutense. Ahora estoy terminando la carrera de Filosofía y en 3º de Filología Hispánica. En estos cinco añitos he descubierto un mundo nuevo que hasta entonces ni me imaginaba. Ahora tengo 22 años...Y no me arrepiento de nada ;).

Me alegra saber que hay tanta gente interesada en estas cosas. Si hay algo mejor que intentar cambiar el mundo -se entiende que a mejor, y siempre en la medida de nuestras posibilidades-, es saber que hay gente a tu lado.
Ánimo a todos, y enhorabuena por la página.

Un fuerte abrazo.

José Luis Nogales Baena dijo...

Lo cierto es que siempre que me preguntan que por qué estudio filología hispánica contesto lo mismo: “porque me encanta la literatura”. Pero más cierto es que digo esto por el hecho de simplificar, por no contar historias y, en resumen, por dar una respuesta rápida y sencilla a una pregunta que ni yo mismo sé muy bien cómo contestarme.

Para mí esa pregunta es extremadamente compleja, pues aún cuando terminé el bachillerato estaba decidido a no estudiar en la universidad; sin embargo entré en filosofía, me llevé allí dos años y medio y, al dejarlo, salí convencido de nuevo de que no quería estudiar en la universidad. ¿Y entonces? Al curso siguiente estaba matriculado en hispánicas y, aún con el año sabático que me tomé y todo, ahí he estado hasta ahora: tengo 26 años y espero acabar este curso la carrera.

No lo sé, pero pienso muchas veces sobre todo esto y lo más que consigo averiguar son una serie de factores desencadenantes que han podido (han tenido) que actuar como causa. Por ejemplo, que cuando empecé filología vivía con una chica hermosa a la que amaba, la chica más inteligente que he conocido y admirado, y nunca me dejó que renegase de los estudios; o que mi tía, con la que vivía un año antes en Barcelona, tenía la biblioteca particular más grande que yo había visto jamás, y se pasaba las tardes sacando libros de sus estantes y dándomelos a mí para que yo los devorase; o que aún un poco antes (un par de años antes), yo había descubierto a un filósofo alemán del que podría decir ciertamente que cambió mi forma de ver y entender el mundo, y ese hombre era filólogo; o que antes, todavía antes de eso, mi madre me regalase un libro de Unamuno donde yo pude leer la fabulosa novela de Don Sandalio, jugador de ajedrez, “novela sin argumento” que me cautivó completamente y que me ha seguido cautivando desde entonces.

Pero aún un factor más: cuando yo tenía catorce años mi madre se acercó un día con un libro en las manos (sí, en las manos, lo sujetaba con las dos manos como si el libro fuese a desplomarse), era un libro viejo de páginas oxidadas y desgastadas por el tiempo, uno podía respirar sus hojas a medio metro de distancia. M e lo entregó con sus dos manos, como un tesoro, yo lo cogí y comprendí que aquel libro había vivido mucho. “Este es un libro muy importante para mí”, me dijo, “yo lo leí cuando era joven y fue como si con él aprendiese a pensar en aquellos años en que una no podía hacerlo”. Ese libro sigue viviendo todavía y yo lo he puesto aquí a mi lado mientras escribo. En la portada pone ANTONIO MACHADO, y un poco más abajo JUAN DE MAIRENA.

Gracias mama, gracias a todos, por tratar de no dejarme vivir en la absoluta ignorancia.

Jose Manuel Garrido Román dijo...

Al principio, desde muy temprano parecía que lo tenía claro, pero no era cierto, hicieron falta algunas cosas para que las cosas me llevaran a su cauce. No, la economía no era lo mío y eso salió a relucir en el bachillerato de sociales y tampoco las matemáticas aplicadas a lo social, aún menos. Pero a esto habría que añadir varios hechos, es lógico, nunca es una razón sola. Un circunstancia vital por un lado y por otro repetir curso, aunque eso para mi era y es imperdonable. Pero llegué a una clase formidable, la mejor que pasaba por aquel instituto, decían, y unos profesores que nos enseñaron a ser humanistas en el siglo XXI y con los que aprendimos algo más que sus asignaturas. Yo ya escribía, desde hacía varios años, y ahí terminó de perfilarse la poesía y se ampliaron los autores, nos llenamos de filosofía y nos invadió el arte siempre con música. Pero para mi la letra y aquel hombre con barba que mezclaba la literatura universal con el cine me cautivó con sus trabajos sobre el haiku y sacando de todo un poco de poesía.

Pascual Garrido dijo...

¿Por qué filología?
Lo mío no es ¿Por qué no filología? sino ¿Por qué filología no?, y rindo un homenaje al orden de las palabras en la frase. La respuesta es que cuando acabé el bachiller, hace unas décadas, unas pocas de décadas dicho al sevillano modo: horror, y por partida doble, por la expresión sevillana y por lo de las décadas, decía que al llegar a la universidad casi había una norma implícita por la que los chavales estudiábamos ciencias, y a eso me puse; otra norma era no tener ni idea de lo que nos gustaba, al menos en mi caso así ocurría. Pero se ve que me interesaban las letras, y allá por los años ochenta fue cuando me dije ¿Por qué no filología?, y me matriculé. Hice muchas asignaturas pero no pude terminar por el trabajo y lo fui olvidando, hasta que de pronto me da por desempolvar los viejos estudios, desenterrar más que desempolvar, por el tiempo transcurrido y por el tiempo mío sobre todo. Vamos a ver si a la segunda… puntos suspensivos porque no me gusta utilizar frases hechas ni refranes, aunque la frase que apuntaba se refiere a la tercera. Pues eso, que ahora que ya no tengo obligaciones profesionales me gustaría acabar la carrera. Aunque estemos ya en lo que Woody Allen llama la edad de las propinas, propinas de tiempo, en fin -no sé por qué cito a W. A., algunas películas suyas me han gustado, como la última, pero otras me parecen soporíferas-. Lo que a mí mismo me llama la atención de esta fascinante historia es por qué se me ocurre intentarlo ahora, quiero decir que pudo ser hace algunos años, cuando dejé el mundo laboral. A veces me ha pasado algo parecido con un libro, comprarlo con interés y no leerlo, olvidarlo, hasta que de pronto un buen día, no se sabe por qué, lo tomo y no puedo dejarlo, y no comprendo la razón de la desidia anterior. Cosas que quedan rondando en segundo plano hasta que, andando el tiempo, de pronto nos agarran con fuerza. Saludos.

Blanca dijo...

Cuando tuve que decidir qué estudiar elegí filología porque me gusta leer. Ahora, tres años después, estoy segura de que no me equivoqué. Me gusta la filología porque es un pedacito de ese conocimiento humanístico "de letras" que con tanto esfuerzo hay que preservar en este tiempo tan adverso.
He pasado de “desocupada lectora” a “lectora amantísima” de nuestros mejores textos, he aprendido mejor a comprender nuestra sociedad a través de don Quijote y de Ana Ozores, ahora sé valorar un soneto como “los que aguardan” y sé que, al menos en literatura, no puede estar mal “engañar con la verdad”; pero quizá una de las cosas más importantes es que he aprendido poco a poco a liberarme de prejuicios, a saber que lo estándar no sinónimo de lo mejor, y que la variación incorrecta puede ser tratada como un tesoro que salvaguardar del olvido. Posiblemente si pudiera, le pediría a la filología que me diera, al menos, tanto como dejé para tenerla.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Después de leer las motivaciones tan bonitas que han escrito todos, parece mal escribir que estudie filología por cobardía y por miedo. Fui cobarde porque siempre quise estudiar filosofía, pero tenía miedo de no estar lo suficientemente formada. Me parecía que no había leído demasiado como para estudiarla y por eso pensé que primero tenía que inscribirme en filología. Lo bonito de la historia es que me acabó gustando tanto la filología que no necesité estudiar filosofía. Hay que ser valiente, pero los miedos, a veces, son precauciones inteligentes.

Itzall dijo...

Desde MUY pequeña me gustaba recitar poesía de Machado, Bécquer y Gloria Fuertes, que era lo que me leía mi padre hasta que me las aprendía. Cuando tenía siete años, en una comida familiar de estas en las que no conoces a nadie, cambié el jugar con mis primos por escuchar a un señor del norte, marido de una tía segunda, tercera o cuarta. Ese señor se dedicó a adivinar cosas de las personas que estaban en la mesa según la forma que tenían de hablar (de mi padre adivinó que, pese a ser de Sevilla tenía familiares gaditanos con los que tenía contacto frecuente)y me quedé muy impresionada.
Al empezar el instituto yo tenía la firme intención de estudiar ingeniería química, pero llevaba ya en las venas la pasión por la historia de Sevilla de mi padre y por la literatura de mi profesora del colegio. En 3ºESO tuve un profesor maravilloso (pero maravilloso muy a su forma) en Lengua; nos hizo leer 'El Cid' y 'La Celestina' "de verdad", y ese año se desató mi pasión irrefrenable por los libros antiguos, los facsímiles y la literatura medieval y de los Siglos de Oro. Ese año también me enamoré (sin saber ni una declinación) del latín y medioaprendí por mi cuenta.
Descarté definitivamente las ciencias, no eran lo mío; aunque durante unos meses, seducida por mis profesores, me planteé hacer Biotecnología o Medicina para "no desperdiciar mi currículum en una carrera de letras" (esto decía una de mis profesoras y nunca se lo perdonaré).
Ya decidida, mi intención era hacer la doble titulación en Hispánica y Clásica pero Bolonia no me lo permitió. Llegué a plantearme dejar Hispánica y empezar Clásica porque de verdad que el Griego y el Latín son algo necesario en mi vida. Pero, llevo tantos años amando la literatura española, amando la gramática española, que me resultaría imposible sobrevivir si me dedicara a otra cosa.

Sara González Ángel

Joaquín Pedro Borge Pérez dijo...

Me decidí hace ya como 8 años a estudiar Filología porque entendí que no hay nada más importante que una palabra. Y los libros están llenos de ellas, lo cual los convierte en objetos imprescindibles en la vida. Como dijo Umberto Eco: El libro pertenece a esos milagros de una tecnología eterna de la que forman parte la rueda,el cuchillo,la cuchara,el martillo,la olla,la bicicleta...
Y yo siempre he perseguido milagros

MaríaJosé Alonso Rguez dijo...

Hice Filología porque desde pequeña me gusta leer y me atraía lo bien que escribían los autores que iban pasando por mis manos.Al principio fue arduo pues me encontré con la lingüística pero según van pasando los años y los alumnos por mi clase, me gustaría volver a la facultad de nuevo.Mi asignatura preferida fue Historia de la Lengua y Teoría de la Literatura.Ánimo a las que estáis empezando, es una carrera fabulosa

Andrea dijo...

Necesito ayuda!. Tengo 22 años y dejé de estudiar con 16, porque no iba nunca a clase, porque prefería trabajar... Pero aunque dejé de estudiar muy pronto, nunca dejé de leer, desde que tengo memoria, los libros han sido mi pasión y mi obsesión. Así, aunque había dejado los estudios oficialmente a los 16, pero desde primero de la ESO no pisaba a penas las clases, gracias a los libros, cuando me di cuenta de mi error pude volver a estudiar y encaminar mi vida a cumplir mi sueño... Escribir. Ahora estoy terminando segundo de bachillerato de humanidades, mis notas son muy buenas, podré hacer lo que siempre he querido y mi idea era hacer la carrera de estudios hispánicos, pero ahora tengo dudas... La profesora de castellano que tuve el año pasado, a la que admiro muchísimo, y la profesora de este año, me están diciendo que no me meta en esa carrera, que no hay salidas...Me recomiendan que haga derecho, lo mismo que mi madre, porque dicen que podría ser una gran abogada. Yo solo de verme trabajando como abogada, encerrada en un despacho, en un trabajo donde hay demasiado contacto con la gente para mi gusto, me agobia muchísimo, me entra pánico. Pero estoy empezando a dudar de si es esto lo que tendría que hacer, estudiar derecho y olvidarme de la filología. Todo el mundo me dice que si lo que quiero es escribir, puedo hacerlo estudiando cualquier carrera, pero no se... vosotros que opináis?

LPR dijo...

En efecto, podrás escribir cursando cualquier carrera. En principio, mi consejo si quieres ser escritora es que sigas leyendo muchísimo, y adquiriendo cultura y experiencias. Particularmente, creo que es un error estudiar algo que no te atrae: son muchos años de carrera y flexo como para que algo no termine saltando por los aires... pero yo soy filóloga, quiero decir: probé el veneno (y por cierto, no me ha ido nada mal laboralmente, y puedes leer los comentarios previos si quieres oír más testimonios similares).

Anónimo dijo...

hola Lola! soy prof de Lengua y Literaturas en Brasil, y ahora estoy ministrando un componente llamado filología románica, e infelizmente no tengo tantos materiales que debería tener, me gustaría que indicase donde yo podería buscar y encontrar estos materiales, cuento con tú ayuda, me face es http://www.facebook.com/daniel.schramm.982, gracias!

LPR dijo...

Hola Daniel, no tengo Facebook así que no sé cómo dirigirme a ti. Escribeme un correo (está en mi web www.lolapons.es) y dime qué necesitas exactamente.
Saludos

Tega dijo...

Hola,soy una chica normal y corriente que suma 17 años y 10 meses exactamente. Hoy he llorado mucho ya que me he puesto a pensar sobre mi futuro, dentro de muy poco tengo que decidirme...Desde hace ya un año, llevo en la cabeza hacer filología pero, durante la comida, mi primo mayor me ha dicho que voy a hacer esa carrera para nada, que hoy en día aunque tan solo en lo que a plazas se refiere, un "simple" magisterio tiene más salidas laborales y que si es de ingles todavía más. Me he sentido ofendida y confusa y no he podido evitar irme a mi habitación con los ojos encharcados allí ha acudido mi madre que me apoya incondicionalmente y me ha dicho que continue con mis ideas pero que buscara consejo en alguien y aquí estoy... Espero que me seais sinceros estoy aturdida y llena de dudas aunque sé que si no es filología no será nada pues no tengo otra idea en la cabeza. Espero respuesta un beso !!

LPR dijo...

Entiendo tus dudas y las de tu entorno, pero veo a mis alumnos trabajando o parados tanto como los de Empresariales, Magisterio o Medicina. Sigo pensando que hay sitio (o lo terminará volviendo a haber) para dar clases en Secundaria o de español como segunda lengua, armarte de cultura para ser gestor o asesor en una fundación. Te recomiendo que estudies lo que te gusta y que desde tu joven edad empieces a estudiar dos segundas lenguas bien y en serio. Trabajar en lo que te gusta deja de ser un trabajo. Pero, claro, estás hablando con alguien que piensa en Filología desde que se levanta. Suerte

Anónimo dijo...

No es la opción mas sensata y probablemente no sea la mejor de todas.
Pero quiero estudiar filología hispánica.
¿Por qué?
Porque me pierdo en las bibliotecas, los libros me dan sueños y más de la mitad de mi vida.
Porque he disfrutado las mieles de enseñarle a alguien mi idioma.
Porque perdí el sentido leyendo a Quevedo, porque me sentí identificada con la ¡Intelijencia! a la que clama Juan Ramón.
Porque las mejores noches no son en las que amo o soy amada, sino aquellas en las que escribo o vivo por otras manos.
Seré filóloga porque me gusta esa carrera, no porque no me gusten las demás.
Porque es mas bonito escribir una metáfora que dibujar con escuadra y cartabón.
Porque cuando escucho a alguien recitar poesía mi mente viaja a gente que aún no conozco.
Porque las letras nos hacen mas personas, porque sin ellas nadie entendería lo que siento.
Porque mi vida no sería lo mismo sin mi mesita de noche llena de libros, o sin decirle a alguien que me llama ''espera hasta que llegue al próximo punto del libro''.

Seré filóloga porque sé que no serviría para otra cosas.

Anónimo dijo...

Tengo 34 años y he hecho siempre lo que me han dicho... y siempre he fracasado. En C.O.U saqué un sobresaliente en Lengua y Literatura que vino a rematar un bachillerato brillante en mis calificaciones de letras. Pero dije no a la Filología Hispánica por tontas imposiciones y por pensar que me moriría de hambre. Ahora me muero de pena y sólo la idea de que durante el próximo año comenzaré el grado de Lengua y Literatura Españolas en la UNED me ha devuelto la alegría y la esperanza. ¡Gracias por vuestros comentarios! ¡Me habéis ayudado a decidirme!

Anónimo dijo...

No soy español, pero tuve la oportunidad de pasar a una de las mejores universidades de mi país, una universidad pública, quería estudiar filología pero no existía la carrera en ese entonces, de modo que me inscribí a Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana. No fue lo mejor, pero no lo deploro porque en aquella carrera me volví un ser con consciencia social, sensible a los problemas sociales; sin embargo no la terminé ¡y eso que llegué a 8 semestre! pero no tenía vocación de maestro de escuela... así que la abandoné y me pasé para el programa de Filología Hispánica que recién había abierto la Universidad donde estudiaba. Ahora estoy terminando la carrera y aunque no soy precisamente joven para el "mercado laboral", pues tengo 33 años, soy feliz porque estoy estudiando lo que realmente me gusta. Nunca voy a olvidar mis días de ratón de biblioteca leyendo a Beguin, a Auerbach, las ediciones de literatura medieval con prólogos de Isabel de Riquer...
¡Saludos desde Colombia!

Pr S. Feye dijo...

In SCHOLA NOVA (Belgica), loquimur Latine. Difficile enim non est sermonem Latinum discere, et sic accessum habemus ad plurimos textus Bibliothearum totius Europae. Qui plura scire cupiunt haec infra inspiciant:
Stéphane Feye
Schola Nova - Humanités Gréco-Latines et Artistiques
www.scholanova.be
www.concertschola.be
www.liberte-scolaire.com/.../schola-nova

Esther Chesa Serrat dijo...

Tengo 23 años y este curso 2012-2013 he empezado el Grado en Lengua y Literatura Españolas. A los 14 años empecé a plantearme la posibilidad de hacer filología y creo que he acertado. A lo largo de la secundaria y el bachillerato (que cursé, por problemas varios, a lo largo de 4 años) pensé demasiado: me planteaba constantemente si mi deseo era también la mejor opción, si no habría otras carreras que me aseguraran un trabajo y un futuro. Durante muchos años he reflexionado una y otra vez, apartando y retomando la idea de la filología, simplemente, por miedo a lo que tendría. Sin embargo, al acabar la selectividad lo vi claro: si es lo que siempre había querido hacer, si había sufrido tanto para acabar mis estudios previos, si cada vez que pensaba en la posibilidad de estudiar otra carrera me dolía, ¿cómo podía salir mal? Estoy resuelta a seguir, a sufrir si es necesario, pero a conseguir mi sueño.

Saludos y felicidades por esta entrada tan inspiradora.

Esther

LPR dijo...

¡Felicidades a ti por ese camino tras la Filología!

Sara dijo...

acabo de terminar de leer todos y cada uno de los comentarios de este blog y no he podido evitar emocionarme...
Estoy a un día decidir el paso más importante de mi vida, qué estudiar durante los próximos cuatro años y dónde. ahora y gracias a todos vosotros lo tengo claro, haré FILOLOGÍA HISPÁNICA, porque me encanta leer todos los géneros, porque me pierdo en las bibliotecas que son mis lugares favoritos, porque amo escribir sea lo que sea, porque sé que aunque sea una carrera con pocas salidas yo lucharé día tras día y disfrutaré al máximo estos cuatro años.
gracias, por crear esta sensación dentro de mí,

LPR dijo...

Bueno, ya veo que este blog está despertando vocaciones. Espero conocerte alguna vez personalmente, y que me digas entonces que acertaste en la elección. Saludos. Lola.

J. Sebastian dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
J. Sebastian dijo...

Filólogos ánimo!!
Debemos cambiar este mundo, y si nuestra decisión viene del corazón estaremos viviendo lo que deseamos porque no hay nada peor que una vida no vivida. Por medio de las letras he madurado, he pensado con criterio, me he sentido libre en el conocimiento, he abierto los ojos en este mundo consumista. Empezaré en septiembre Lengua Española y Literaturas Hispánicas en Las Palmas de Gran Canaria, España. Estoy muy ilusionado, no llevo una trayectoria muy larga de lector, pero hasta ahora he leido un libro que ha hecho que despierte mi esencia, mis ganas de vivir dejando que el dinero no condicione mis decisiones, lo que quiero hacer por el mundo sin esperar nada a cambio. El libro del que hablo es ''el alquimista'' de Pablo Coelho. Ahora mismo leo ''el médico'' de Noah Gordon, es impresionante, con tan solo leerlo me dan ganas de viajar y entregarme en cuerpo y alma a mis pasiones, y una de ellas son las letras. Estos libros me dan tanta inspiración. ¿Alguien sabe de libros tan encantadores?

Saludos a todos, y espero encontrarme algún dia con algún filólogo que haya escrito aquí. Un abrazo. Sebastián, 21años.

J. Sebastian dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Hola a todos:
Desde el colegio, ya tuve la gran suerte de poder disfrutar de magníficas profesoras de lengua y literatura y también de inglés. Las estoy enormemente agradecido. Disfruto del análisis sintáctico (que tanto me permite obervar lo leistas y laistas que somos en mi tierra) y me gusta mucho leer. Por otra parte, el inglés me fascina, al igual que los idiomas en general. Tal es así, que estoy aprendiendo francés de forma autodidacta.
Tras terminar 8º de E.G.B. cursé B.U.P. y después C.O.U. ¿Por qué os cuento todo ésto?
Porque... acabé siendo enfermero. Efectivamente, en B.U.P. empecé a perfilar mi formación hacia las ciencias. La biología se me daba bien, y la química, no se me daba del todo mal; las matemáticas me costaban horrores, sobre todo las de C.O.U... Pero nunca, jamás, ninguna asignatura me ha llegado a motivar como el Inglés o la Lengua y Literatura; ni tampoco a darme tantas SATISFACCIONES.
Y aquí estoy...con 32 años, siendo enfermero. Enfermería también me gusta y he tenido la gran suerte de dedicarme a las Urgencias...pero últimamente siento una añoranza enorme al pensar en qué hubiera sido de mi vida si hubiese estudiado Filología Inglesa (ahora Estudios Ingleses) o Filología Hispánica (Grado en Lengua y Literatura españolas, en la actualidad).
Pero...cometí el error de fijarme sólo en las supuestas salidas de las carreras que me planteé estudiar.
Por eso recomiendo a todos que estudien aquéllo que les guste y haga feliz, sin pensar tanto en qué salidas tiene o no...
No paro de pensar y pensar desde hace mucho ya sobre la posibilidad de iniciar Grado en Estudios Ingleses o en Lengua y Literatura Españolas.
Pero ya con 32 años... desanima un poco.
En fin... muchos ánimos para todos aquellos que están a tiempo de no sentirse como yo y...por supuesto, muchos saludos para todos.

J. Sebastian dijo...

Hola enfermero de 32 años!

Por favor, te pido que hagas el grado en Lengua y Literatura Española. EStamos en este mundo para ser felices, dale sentido a tu vida. Haznos un favor a nosotros porque necesitamos personas como tu, que no rindan, que se equivoquen y aprendan de sus errores.

¡Ánimo amigo!

Anónimo dijo...

Siempre he sido una devoradora de libros. El primer libro que me compré conscientemente fue Versos de Gloria para jugar con los más pequeños de Gloria Fuertes, y tengo que confesar que aun sigo ojeándolo para recordar las tardes que pasaba tumbada en la alfombra rodeada de libros. A pesar de que amo la literatura, he sido una chica de ciencias que siempre destacaba en lengua con sus comentarios de texto, sus articulos periodísticos y recitando todo lo que me pusieran por delante.
El año pasado entré en la carrera de Enfermería con la idea de que siempre he estado en ciencias y que esta profesión tiene mucha demanda.
He presenciado una operación, he observado la disección de un cuerpo humano y tenido entre mis manos el corazón de un hombre; y en vez de pensar en como la vena cava se introduce en la aurícula izquierda, me preguntaba cual sería la historia de esta persona para que yo estuviera jugueteando con su corazón entre mis dedos.
Ahora mismo debería estar estudiando para las recuperaciones pero no paro de mirar a Rayuela, que descansa sobre mi estantería desde hace tres meses y solo he leído dos de sus capítulos, tampoco paro de pensar en todas las historias que rondan en mi cabeza y aun no he podido traspasar a papel.
Llevo tiempo sabiendo que no soy feliz con lo que estoy estudiando, sintiendo que algo se me escapa, echando de menos las metáforas y aborreciendo el lenguaje científico. Sin embargo, me asusta el futuro pues esta profesión promete trabajo, pero el presente se está volviendo insufrible.
Estoy planteandome estudiar filología, pero como he dicho, dar el paso asusta bastante, aunque puede que sea la decisión correcta.

Me gustaría saber que opinais.

Rosa de Medianoche dijo...

¡Hola a todos!

Antes que nada me gustaría daros las gracias por los comentarios. No sabéis lo que me habéis hecho sentir esta última hora. Me habéis ayudado a decidirme y a borrar las dudas. Así que MUCHÍSIMAS GRACIAS.

¡Hola anónima! Mi historia básicamente es como la tuya pero con un año de retraso. Te cuento, soy una estudiante de ciencias al 100%, siempre lo he sido. Desde que tengo memoria, he tenido una idea muy clara y un camino trazado sin ni siquiera empezar a andar: biología. Toda mi vida he querido estudiar biología, pero... Llegaron los libros; y con ellos, las palabras, así que una pregunta se dibujó en mi cabeza: ¿cómo voy a renunciar a mi sueño de toda la vida solo porque hace tres años que no vivo si no leo un libro? En comparación, tres o cuatro años no son nada si pongo que llevo catorce o quince queriendo ser bióloga. Y ahora mi pregunta: ¿voy a renuncar a lo que me gusta por un sueño del pasado?
A todo ese coflicto interno, evidentemente (es lo malo de la filología), hay que añadirle el poco apoyo moral. Mis padres se extrañan que durante el último año diga que me gustaría estudiar filología (ya lo comentaba el año pasado, pero este ha sido más en serio), mis tíos me dicen que de esa carrera no se come, mis amigos me miran como si se me hubiese ido la olla y me preguntan que cómo soy capaz de tirar mi bachillerato de ciencias por la borda y qué he hecho con mi vida, etc, etc, etc. No creo que esté contando nada que no sepáis ya.
Así que empizo a plantearme las cosas. Y pienso, pienso y sigo pensando.
Respuesta: me paso las horas muertas leyendo, inventando historias, creando mundos, escribiendo, visitando blogs de literatura, leyendo artículos de escritores...
Y sigo pensando... Y concluyo con: ¡pero si mientras estaba estudiando solo pensaba en acabar el libro que estaba leyendo!
Y sigo pensando... Y recuerdo que estos dos últimos años han sido las clases de lengua e inglés las que siempre he tenido ganas de dar (pongamos también mates, biología y química, pero no siempre).
Sé que todo esto puede ser un lío, porque hasta yo misma estoy hecha un lío, pero intento haceros llegar, o a ti especialmente, anónima, que si realmente te pasas las clases de anatomía o cómo se llamen esas clases pensando qué es lo que le pudo haber pasado a ese hombre cuyo corazón sostienes en la palma de tu mano, o, en vez de estudiar, solo miras la estantería con esos libros que tan ansiosamente esperas leer... Creo que ya tienes la respuesta, ¿no?
Yo solo te digo que si enfermería no te llena, es porque realmente, aunque te encante, no es lo que estás destinada a hacer. O eso, al menos, es lo que opino yo.

Muchos abrazos gigantescos a todos y ¡ánimo anónima!


Anónimo dijo...

Hola a todos compañeros filológos y amantes de filología:
Yo he estudiado filología hispánica durante estos últimos 4 años. Mi último año lo estoy pasando en el extranjero como estudiante erasmus, una experiencia que no podría olvidar aunque quisiera.
Al leer todos los comentarios me he puesto a reflexionar mucho sobre lo que he aprendido, sobre las expectativas que tenía cuando empecé y sobre todo, sobre las experiencias vividas en la carrera. Mi reflexión final no es una conclusión única sino una recopilación de impresiones que quizás a los que vayáis a empezar os pueda servir.
Para empezar como toda carrera que se precie, filología hispánica es una carrera vocacional. Leer libros, clásicos, manuales, disfrutar con la matemática de la lengua, enredarte con los juegos de palabra, y embarcarte en la historia de la evolución lingüística no es algo que le guste a todos y para pasar un mal rato es mejor apúntarse a una carrera de esas comodín que dice la gente que tiene salidas.
La siguiente reflexión tiene que ver con el contenido de la carrera. No todas las asignaturas os van a gustar como ya os habréis imaginado porque filología hispánica abarca muchos aspectos, ni es exclusivamente literatura, ni exclusivamente lingüística, ni exclusivamente historia de la lengua. Suele pasar que tengáis preferencia por alguno de estos ámbitos y que algunas de las asignaturas se os hagan cuesta arriba. Sin embargo, esto no os debería desanimar ya que todo lo que merece la pena en esta vida, cuesta esfuerzo.
Y finalmente quiero hacer una reflexión sobre la educación en general y la educación universitaria en particular. Para ello tengo que comparar mi experiencia en España y la que estoy viviendo en Holanda. La carrera universitaria en España no está al nivel europeo, tiene un gran atraso en cuanto a contenido, y sobre todo, en didáctica de las clases. En España el 90% de las clases de filología hispánica son "lectures" esto significa que habrá muchos alumnos, un profesor que trasmita su gran sabiduría y un examen final en el que plasmes la sabiduría de tu profesor. Sin embargo, en Holanda la gran mayoría de las clases son "seminars", clases de pocos alumnos (alrededor de 10), alumnos que serán los protagonistas de las clases ya que son clases prácticas de alumnos activos donde se les exige que participen en clase, hagan trabajos, y sobre todo, que tengan su propia opinión. Tened esto en cuenta ya que no todo es color de rosa, ni todos los profesores son tan buenos, ni el rendimiento esel que cabría esperar para personas que se están formando en este área. Lo positivo de la carrera en España es que se trasmite gran información erudita lo malo es que no está focalizado al mundo laboral.
Con todo esto, quiero plasmar, por un lado, que he aprendido mucho, he disfrutado leyendo a los grandes clásicos, he conocido a profesores maravillosos, y he madurado como persona. Por otro lado, sin embargo, no os dejéis engañar pensando que todo será idílico porque la educación española no es lo que cabría esperar. En un contexto donde el paro juvenil es asombrosamente alto, esta carrera no te lo va a poner fácil porque no conseguirás las prácticas que necesitas, y ese conocimiento enfocado al mundo laboral es muy reducido. Muchos profesores querrán cortarte las alas porque hay muchos filólogos y pocos puestos. El enchufe está a la orden del día si lo que quieres es ser profesor en la universidad, o sacarte unas oposiciones.
Con todo ello concluyo con un consejo final: dejad volar vuestra imaginación y no perdáis vuestros ideales pero mantened siempre los pies en el suelo para poder enfrentaros a una realidad si no cruda, bastante difícil.

Anónimo dijo...

Cuando tenía 6 años, en primero de primaria todos mis compañeros de clase sabían leer, pero la pequeña y alocada niña que se pasaba las horas jugando sola a imaginar castillos, desiertos, tempestades, viajes al futuro y montañas nevadas, tenía un motivo más para ser la rara: no sabía leer. Mis padres se negaban a que su hija quedara desde tan pequeña un curso rezagada y trabajaron sin descanso conmigo: el Micho(1, 2 y 3), los cuadernillos Rubio, las libretas de cuadritos y media hora diaria que me permitía perder sacando punta, fueron el resumen de mi verano.
La mayoría de vosotros sois ya profesores con experiencia, pues bien sabéis que enseñar a leer a una persona disléxica es harto complejo, y no puedo negar que lo fue, pero la obsesión de los demás porque leyera, despertó en mi la curiosidad por saber que secretos tan increíbles escondían aquellos matojos de papel pintado para que todos estuviesen tan preocupados. Entonces descubrí que todo aquello que imaginaba era descrito en los libros, que todo aquello que jamás imaginaría también estaba escrito, pude jugar por primera vez con alguien que no fuera yo, jugué con Alicia, con Kika, con los cuentos de Dickens y los hermanos Grimm, las noches y los días se llenaron de aventuras para mi. Me enamoré de la literatura, y ella me aceptó como su sierva fiel, hice amigos y amigas, vivo una juventud plena, pero nunca me separo de la intimidad de un libro, y menos aún de la escritura que me enseñó a dar forma a las nubes de mi mente, a transmitir emociones y a crear mundos de color para otros como yo.
Soy estudiante de filología hispánica, y a día de hoy, puedo decir que mi mayor sufrimiento se convirtió en la fuente de mi regocijo.

Ana dijo...

Porque con 10 años dije que quería ser como Cervantes y es que ya entonces sabía el enorme poder que tienen los que saben expresarse.
Me enamoré de esta carrera en el momento en que Juan Montero, palabra a palabra, nos explicaba el Cid y la Celestina y todo adquiría sentido. Me seguí enamorando cuando presumía con mi familia explicando por qué el artículo de 'el agua' es femenino y no masculino. Y me voy a enamorar aún más cuando por fin acabe los exámenes , me gradúe, oposite y consiga motivar ni que sea a uno solo de mis futuros alumnos para que elijan la mejor carrera del mundo igual que lo hice yo.

Anónimo dijo...

Soy una fanática de los libros. No lo puedo evitar, son mi debilidad. Todavía estudio la carrera de hispánica en Sevilla pero mi sueño es ser editora. ¿Hay algo mejor en el mundo? ¿ Es posible que haya un trabajo en el que te paguen por leer? Por lo visto sí y creo que debe ser el más bonito de todos.

Jose Maria Palomo Rivero dijo...

Buenas. Yo, desde un primer momento, nunca tuve claro qué futuro elegir. Lo único cierto es que lo mío eran las letras. Contaba con tres opciones: Derecho, Turismo e Hispánicas. Me decanté por esta última; y comencé un poco dubitativo, con el paso poco firme. Hasta que me topé con el profesor Pedro Piñero de la US. Había asignaturas que me tiraban más que otras, pero no fue hasta darme de bruces con Don Pedro, (aunque él no sea aficionado de los halagos), cuando me di cuenta del porqué había llegado a ese lugar. Es una verdadera pena que este sea su último año como docente. Se echan en falta profesores de este calibre, de este rigor, de esta cercanía, de este saber ser; de un saber callar al silencio, para que el silencio al saber jamás calle. Gracias por hacerme ver que nuestro 'milistro' Wert jamás llevará razón en eso de que antes de seleccionar una carrera, nos informemos bien sobre sus salidas, porque no hay mejor salida que la entrada de una trama perfecta en tu vida. Le deseo lo mejor en la vida, profesor.

Jose Maria Palomo Rivero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
^(.)^ Silvia ^(.)^ dijo...

¿Estas razones valen para cualquier filología? Concuerdan todas conmigo... xD

Yo hice la inglesa, más por amor al idioma y las letras que por vocación. Desde aquí, quien se anime a hacerla que empiece a llevarse bien con Shakespeare... jajaja

Con esto de los Grados es una pena que más si cabe la gente no sepa qué es eso de la filología o ser filólogo. Cuando yo estaba en la Universidad y me preguntaban qué estudiaba, todos ponían cara rara cuando decía filología. ¿Eso qué es?, me decían. Ahora los que se gradúan en Estudios Ingleses o Hispánicos, ¿cómo llamarlos? El término filólogo queda ya desfasado en los nuevos tiempos.

Matizo además que me revienta que sólo nos vean a los filólogos como profesores "porque no hay más salidas; si no trabajas de eso ya me dirás en qué". Valemos para algo más que dar clase, mucho más. Traductores, editores, documentalistas, intérpretes, bibliotecarios, y hasta en sectores como el turismo, siempre con la debida formación complementaria. Claro que hablo por las filologías extranjeras mayormente.

A la filología le debo mucho más que aquellos 5 años que me pasé en las aulas universitarias. Creo que no concibo la vida sin leer, escribir (ejem), y muy especialmente la literatura, la lingüística y los idiomas. Quizá los números sean muy abstractos y más allá de ellos no son más que números, pero las letras, el lenguaje... sin ellos, como diría George Steiner, habitaríamos provincias lindantes con el silencio.

Arriba las Humanidades, las letras y las filologías de antaño.
Un saludo de una filóloga inglesa //

Anónimo dijo...

¡Qué sorpresa! Aquí otro enfermero ejerciendo como el que escribió hace justo 1 año, de la misma edad que yo y que dejó un comentario por esta página.

Cuando cursaba mis estudios de bachillerato, sentía una ambigüedad en cuanto a mis preferencias de cara a mi futuro profesional. Por una parte tomé interés por la ayuda social orientada al ámbito sanitario y, por otro lado, embeberme de la lengua española (por entonces Filología Hispánica), tal vez para acabar dando clases en algún sitio. No obstante, motivado por las posibilidades de encontrar trabajo antes, me decanté más hacia Enfermería, profesión con la que también disfruto pues terminé trabajando en el área que más me gusta (especializada, hospitalización). Puede sonar trivial o rozar la extravagancia pero Enfermería ayuda a darle sentido a mi vida.

El caso es que me pienso preinscribir a matrícula para cursar los estudios de Grado de Lengua Española y Literatura este año ^_^ y ya veré cómo demonios lo compagino con mi trabajo, si salgo admitido, claro. Empezaría en unas semanas.

Quiero estudiarla porque no me quiero quedar con ganas de todo lo que pude hacer y no hice, porque uso el español no sólo para expresarme y entender al resto sino que hago cosas con él que no todo el mundo se para a pensar: juego con las palabras, en polisemias imposibles o sinónimos interminables, las adorno con dobles sentidos y recursos literarios; porque nuestro idioma posee una riqueza de vocabulario desconocida, porque oír no es lo mismo que escuchar y porque "arroz" es un animal invertido (o un insulto), porque me fijo en la ortografía ajena y creo que es la imagen de la cultura de muchas de las personas, porque me están esperando palabras que aún desconozco, porque de las que ya conozco aún quedan mas acepciones por conocer, porque unos "gayumbos" no significan nada en El Salvador y mientras que un salvadoreño "patea el alambre" no tiene sentido para un español, porque sólo el lenguaje nos hará libres y por muchas cosas más que dejo en el tintero para no extender el comentario.

Un saludo.

LPR dijo...

Gracias por su comentario, amigo.

susana gatgens parra dijo...

Tengo muchas razones, pero la más fuerte es que SOLO SE QUE ES PARA MÍ. SOLO LO SE.

Estoy en el primer año de Universidad, en la Universidad de Costa Rica en una de sus Sedes de provincia, Sede Liberia, Guanacaste. Para el que conozca al norte del país. Estoy estudiando Administración Aduanera y Comercio Exterior por que mis padres no puede pagar todo el dinero que representa que viva en la capital, donde queda la sede central de la universidad y donde imparte filología española y filología clásica.

Mi madre me dice que no me preocupe que si soy necia y testaruda voy a estudiar filología en algún momento. El punto es que no quiero esperar. Me gusta mi carrera actual y intento aceptar mí realidad, es duro llegar hasta la educación superior y creer estas a punto de estudiar lo que realmente quieres y ver que no sé puede.

Llevo un curso de carrera que se llama merceología 1, me he dado cuenta que mí léxico mejora muchismo, por la simple razón de que para comercializar hay que hablar en una legua en que todos nos entendamos (el nombre correcto de TODO, independientemente del idioma). También, matricule un curso de generales (son como cursos obligatorios para todas las carreras, creó que en otros países les llaman humanidades) la artística TALLER DE LITERATURA, lo que sucedió es que me confundí yo quería APRECIACIÓN DE LA LITERATURA, por que me ENCANTA LEER. Pero, en taller lo que se hace es enseñar a escribir, me ha gustado mucho, aunque el profe esta un poco desquiciado y padece de egocentrismo crónico, me ha hecho varios halagos y me ha dicho que haga todo lo posible por estudiar filología.

Esto es lo que me ha dado nuevos bríos para hacer todo lo posible por irme ha estudiar a la capital, hasta el momento no tengo ninguna idea. Si a alguien se le ocurre algo, que me diga, por favor.

Gracias

Andrea Ramos Gonzalez dijo...

http://www.us.es) Andrea Ramos

Buenas, estoy estudiando filología hispánica y me gustaría ser profesora y acabaré ejerciendo de ello, pero me interesa bastan las lenguas muertas como la maya, la inca, la egipcia etc, mi pregunta es ¿Qué debería hacer para trabajar traduciendo estas lenguas?

Lola Pons Rodriguez dijo...

No sé si tal vez haya cursos específicos en la Complutense o en Salamanca; en Sevilla hay cursos de egipcio jeroglífico. Suerte.

Anónimo dijo...

Buenas a todos los amantes del mundo de las palabras.
Lo cierto es que no consigo comprender cómo he llegado exactamente aquí, pero ahora que he leído todos los comentarios, ha sido realmente maravilloso. Muchas gracias por haber abierto vuestros corazones e inspirarme con vuestras historias. Realmente creo que en este consumismo y materialismo en el que vivimos, parece que ya no queda casi nadie que ame nuestra lengua y su historia, pero no es así, y con vuestras voces, me lo recordais, me recordais que hay muchos filólogos de profesión pero también de corazón ( refiriéndome a los que, por circunstancias de la vida, no pudieron hacerlo).
Personalmente, yo estoy acabando Bachillerato, y tanto Hispánicas como Derecho me atraen, pero también me confunden, pues llego a un punto en el que no sé por cual decidirme. Mi sueño ha sido, desde hace mucho tiempo, defender los derechos del ser humano, hacer todo lo que se pueda, aunque ses difícil. Pero también he tenido la incalculable suerte de conocer a muchos profesores maravillosos que me transmiten un amor por la literatura y por la lengua que me hacen sentir más viva.
Será difícil escoger, como difícil ha sido, es y será la vida, pero creo que en definitiva, ambos caminos ayudan a preservar esa valiosísima esencia en el ser humano que puede perderse ( si deja de haber luchadores como vosotros), entre máquinas y silencios del alma.
Gracias de nuevo.

Anónimo dijo...

Hola a todos,

Soy estudiante de Segundo de Bachillerato, bueno, en realidad ya no lo soy puesto que el curso ha terminado, pero la cosa es que dentro de dos días estaré haciendo los exámenes de Selectividad. Ahora mismo tengo un cúmulo de apuntes desordenados y esparcidos por todo mi escritorio, y es que debería estar estudiando a más no poder, pero no dejo de pensar en la ilusión que me hace iniciar una nueva etapa en mi vida y empezar la carrera de Filología Hispánica.

Realmente no tengo muy claros los motivos que me llevaron a tomar tal decisión hace unos pocos meses. A lo largo de mi vida muchos y diversos estudios han llamado mi atención, como por ejemplo: veterinaria, biología, psicología, ecónomicas, empresariales, periodismo, magisterio... Pero nunca hasta ahora filología. Ha sido una especie de intución.

Me encanta leer y este curso he disfrutado muchísimo la asignatura de Literatura Castellana. Es una sensación extraordinaria el hecho de que yo pueda leer un poema por primera vez y ya no es solo que no lo entienda, sino que ni si quiera me transmite nada. Pero luego, al empezar a analizarlo, a comentarlo junto al resto de la clase, a escuchar las explicaciones de mi profesor... de repente llega un punto en el que capto su esencia y me abruma cuánta belleza guardan esas pocas palabras que hace unos minutos miraba con indiferencia. Es una experiencia difícil de describir pero creo que el que lo haya sentido lo comprenderá. También me pasó esto con Historia del Arte. Al principio era tan solo una asignatura que tenía que hacer porque no me quedaba otra, pero conforme avanzaba el curso se convirtió en una de mis preferidas. Al igual que con la poesía, yo miraba cierta escultura y no sentía nada. Por suerte esta profesora también era capaz de hacerme llegar el mensaje de cada obra y hubo una vez que incluso se me hizo un nudo en la garganta y me entraron ganas de llorar mientras contemplaba una obra de arte y captaba súbitamente "la idea".

Ahora que al fin tengo claro qué quiero estudiar me siento muy tranquila y confiada en que todo va a ir bien. Muchos de mis amigos y compañeros ni si quiera saben qué se estudia en una filología y los que lo saben, o mejor dicho, los que creen saberlo, piensan que no sirve para nada. Una vez, una chica del bachillerato científico llegó a afirmar que si cambiáramos a todos los historiadores, filósofos o filólogos por médicos, ingenieros y demás, el mundo sería mucho mejor ya que según ella viviríamos más y en mejores condiciones. Por supuesto tal afirmación me pareció una enorme barbaridad rematadamente absurda. Pero siempre me pasa que en el momento de una discusión no acuden a mi mente demasiados argumentos y más tarde, cuando continúo a solas reflexionando sobre ella, encuentro cientos de razones con las que podría haber respondido. Así pues, podríamos decir que esta chica ganó la discusión porque no se me ocurrieron motivos por los cuales la poesía fuera necesaria para vivir. Sin embargo, la conversación y la posterior reflexión, hicieron que me diera cuenta de que no querría existir en un mundo en el que pudiera llegar a los cien años con una perfecta salud sin haber conocido toda la belleza y la magia que nos proporciona el campo de las "humanidades". Porque entonces estaría vacía y ninguna diferencia habría entre un ordenador y yo. Y porque simplemente es algo imposible que las personas dejemos de pensar y de crear, es algo que no se puede reprimir. Como dijo Bécquer: "podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía." Quizá no sea necesario el arte para sobrevivir, pero una cosa que nos diferencia de los demás animales es que nuestra mente va más allá y tenemos más necesidades para sentirnos completos y felices que no solo la salud y la longevidad.

En fin, solo quería dar las gracias a la creadora del blog y a todos los filólogos que han comentado por hacerme ver que no me equivoco en mi decisión y que no hay nada como estudiar aquello que te apasiona.

Saludos desde Barcelona,

Irene.

Lola Pons Rodriguez dijo...

Hola Irene de Barcelona. Gracias por tomarte el tiempo de escribir este comentario. Y gracias por elegirnos a los filólogos para ser parte de tu contexto los próximos años. Espero que sigamos dándote razones para decir SÍ a la Filología.

Anónimo dijo...

Tras leer todos vuestros comentarios de principio a fin, identificarme con muchos de ellos e ilusionarme con vuestras palabras cargadas de ilusión, creo ver que después de muchos meses de dudas, frustración y auto "machaque" estoy llegando a buen puerto.

He aquí mi historia: 18 años, bachillerato de ciencias de la salud, y tenía claro lo que quería hacer: odontología. Me parecía interesante la biología, el cuerpo humano y ayudar a la gente a que tuviese una “sonrisa bonita”. Así que, conseguí entrar a la carrera en la Universidad de Valencia, y, sinceramente estaba muy ilusionada. Sin embargo, conforme avanzaban las clases no conseguía motivarme, al contrario, mi interés y mis ganas de estudiar iban decayendo. No me interesaba saber la clase de antibióticos que existen, ni cómo una mitocondria fabrica ATP, ni aprenderme cada uno de los pequeños huesos que conforman el cráneo. Las asignaturas se me antojaban una prolongación excesiva de todos los temas de biología que se tratan en segundo de Bachillerato.

Como muchos otros, yo también reflexioné y pensé en escoger una carrera de ciencias, con salida y que me otorgara un buen futuro. Pero, ¿qué es un BUEN futuro?, ¿una buena felicidad o una buena economía?. Más bien lo segundo en la perspectiva social (como todos sabemos). Y sí, es importante, tener un colchón con el que poder vivir de forma cómoda… pero, ¿a qué precio? (paradójicamente).

Y un rasgo común que he observado en TODOS es la necesidad de la lectura. No sólo el placer que proporciona ésta, sino la tremenda necesidad de buceo, de sumergirse en las letras y aferrarse a las tildes, las entonaciones, las evocaciones… con riesgo de zozobrar.

Yo también soy buzo, yo también amo las letras, pero no sé si es suficiente para adentrarme en filología. Al fin y al cabo, aunque me encante leer, entiendo que filología no es sólo leer libros, la palabra esconde cosas técnicas…que aún desconozco. Se suma el hecho de que tendría que realizar dos específicas este año en la prueba PAU (eligiría dos entre latín, historia del arte y literatura universal) y yo jamás he dado estas asignaturas, desde la ESO me encaminé a ciencias (las notas de las específicas que hice, biología y química, no me cuentan nada).

Así que, os pediría que me aconsejaseis, que me dieseis vuestra opinión acerca de la inviabilidad (o no) de estudiar en unos meses dos asignaturas de ese calibre (empezando de cero). Y muchísimas gracias, no sabéis cuanto, por vuestros comentarios, inspiradores a más no poder.

Un saludo,
Cristina Q.

Lola Pons Rodriguez dijo...

Hola Cristina. Por supuesto, SÍ: sigue adelante. El latin te va a hacer fata en la carrera, así que empieza a prepararlo, no sé cuán difícil es la prueba, eso depende de cada comunidad. Pide información sobre arte y literatura. Creo que estaría bien que empezaras a mirar las tres con un profe particular y sobre la marcha elijas cuál llevas mejor preparada. Ponte las pilas y verás que la meche prende hasta que estés deseando ue la vela de la Filología no se apague. Y entonces me lo cuentas, que me acordaré de ti. Un abrazo, Cristina, de parte de Lola.

Rakel Martínez dijo...

Decidí estudiar filología porque quería ser profesora, educar y explicar lo que yo sabía a otros. La relación con las personas jóvenes, la posibilidad de compatibilizar mi trabajo con mi futura vida familiar...y pensé en cual era mi asignatura favorita. Siempre me han gustado las palabras, la comunicación, sus sentidos ocultos... y ya en mi tercero de BUP pregunté a mi profesora de lengua española qué estudios tenía que realizar para dar clase de lengua como ella, me dijo que filología hispánica y con gran seguridad y decisión lo hice. Nunca me ha penado y si volviera a nacer volvería a estudiar lo mismo y a dedicarme a lo mismo. Además en relación al trabajo debo decir que nunca me ha faltado desde los 24 hasta hoy que tengo 53.
Recomendaría no mirar tanto las salidas como a los intereses personales y nuestras inclinaciones y gustos. Quien hace lo que le gusta, lo hace mejor y por tanto es más probable que triunfe.

Anónimo dijo...

Y es que, pese a todo, la volvería a elegir una y mil veces más. Simplemente porque creo que ya sin princesas en castillos, sin héroes en el destierro y, en definitiva, sin arte, creo que no sabría vivir.
Digo pese a todo porque me separan muchísimos kilómetros de mi casa ya que elegí Sevilla, una ciudad de cuento, para poder comenzar a escribir el mío propio. Y eso, desde hace apenas un año, es lo que me levanta cada mañana y me empuja hacia esa clase oscura, grande y fría que se ilumina en pocos segundos de magia. Te aseguro que la literatura no es más que eso, magia; que te despierta hasta el último rincón de tu interior, a ése que solo son capaces de llegar las palabras.
Así que, ADELANTE, descubre el truco escribiendo el cuento de tu vida.

Bórea dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Soledad dijo...

El 11 de junio de 2011 esta entrada se publicó y la mecha que instalaste con una simple pregunta, querida y admirada Lola Pons, prendió con una ráfaga incesante de respuestas inspiradoras, historias conmovedoras, experiencias dolorosas y -en bastante casos, por suerte- de final feliz. ¿El punto conector de todas ellas?: La Filología Hispánica. Y ya sólo ello me convence de que no es mal camino el que he elegido para mi futuro, mi formación, y mi enriquecimiento personal.

Hola a todos, gracias por los comentarios y las historias, las experiencias compartidas.
A punto de embarcarme en 2º de Bachillerato de Letras y Humanidades, toparme con este blog, y esta entrada en concreto, me ha dejado un maravilloso "sabor de boca", como suelen decir. Y es que no cesamos de tener inseguridades, incluso cuando vamos bien encaminados en nuestra vida.
Los miedos me acechan a la hora de decidirme por un Grado que escoger, al que volcar de lleno mi esfuerzo, mi ilusión, mis ganas y oportunidades. Es, verdaderamente, una tarea difícil y en la que una y mil veces te pierdes y vuelves a encontrar, supongo. Pero yo he crecido rodeada de la siguiente máxima, que creo con fiereza y humildad, y es que: "de toda carrera, estudio o conocimiento, si se es el mejor, si se trabaja con tesón y esfuerzo, siempre se consigue el propósito, el éxito, o -como se empeñan en llamarlo ahora- la salida".

¿Por qué Filología? Porque escribir me devuelve parte del valor para enfrentarme a los sentimientos, los miedos, la vida.
Porque leer me enseña, me salva, me enriquece.
Porque diseccionar mi lengua materna me emociona, me divierte y, de alguna manera, aporta curiosos y sencillos matices que voy aprendiendo a ver y descifrar, cuando otros no son capaces.
Porque es la puerta para aprender a enseñar al resto todo lo que he ido conjurando con mis letras, emociones y percepciones durante años. Para enseñar y transmitir lo que a mí me continúa embelesando y descubriendo un nuevo mundo que no tiene límites en tiempo ni espacio.
En estos comentarios, además, he podido apreciar numerosos casos de profesores (maravillosas personas que a menudo inspiran y despiertan inquietudes entre los alumnos), que han hecho de sus pupilos unos enamorados de la Literatura, "adictos" al inesperado y emocionante análisis morfo-sintáctico, y expertos en descifrar la esencia de un poema, de un texto a simple vista indiferente, pero tesoro de Historia, sensibilidad e ingenio. Para mí, personalmente, un gran por qué lo conforman los maravillosos profesores que he tenido durante la adolescencia, que han sabido encauzarme siempre que mis emociones se desbordaban, empleando como herramientas las palabras.

Con todo, yo ya me despido de este rincón donde me habéis dado (todos, a través de vuestros comentarios y motivaciones, en realidad) oportunidad de derramar varias razones por las que, dentro de poco, me zambulliré en el mágico mundo de las Palabras.

Gracias y un abrazo.

Rubén dijo...

Supongamos una persona que ya tiene una carrera (ni siquiera de letras), un trabajo estable y bien pagado que encima le gusta, una familia a la que dedicar tiempo, emociones y energías, más hobbies que tiempo, y una edad...

Pero a la que le gusta leer más que ninguna otra cosa, que disfruta aprendiendo idiomas, tanto más cuanto menos los necesita, y más aún aprendiendo las relaciones entre ellos. Que consideras una hora bien aprovechada la que pasa discutiendo sobre una etimología, a pesar de que no ser más que un lego con poco conocimiento y mucha curiosidad...

¿Recomendarías a esa persona estudiar filología, simplemente por gusto?

David Avilés Hidalgo dijo...

Hola a todos...
Después de varios años vuelvo a asomarme a este blog y, para mi sorpresa, el hilo de la pregunta "¿Por qué Filología Hispánica?" sigue fluyendo. Terminé mis estudios (Magisterio, F. Hispánica y Máster de EHS) hace tiempo -soy ya un venerable cuarentón que ha dado y da clases en Primaria y Secundaria - pero sigue emocionándome la ilusión de los que ahora estudiáis o vais a estudiar esta preciosa carrera. Solo un par de cosas:
Hacedlo como si os fuera la vida en ello: que nada ni nadie os frene (asignaturas difíciles, profesores también difíciles o circunstancias varias). Da igual: La satisfacción será enorme cuando lleguéis a la meta. Hacedlo, sobre todo, porque es una declaración de amor.
Un saludo de sol, brisa y sal marina. Cádiz...

Publicar un comentario

Deja tu comentario (¡y fírmalo!, basta con que pongas tu nombre y en "URL" escribas por ejemplo la web http://www.us.es).La anonimia mejor la dejamos para la literatura medieval. Gracias.