viernes, 5 de octubre de 2012

Por la yod al arte (III): una y tres sillas

De la biografía de Joseph Kosuth me gusta sobre todo su comienzo: “Nacido en Toledo (Ohio) en 1945”,  que recuerda a casos como Paris (Texas) o a Mérida (Yucatán), los topónimos de España que están en el otro lado del océano, gemelos en nombre pero no en realidad a lugares de aquí. Comparemos el Toledo de Ohio con el Toledo español:
Son muy distintos, ¿verdad? Pues bien, a Joseph Kosuth pertenece la obra One and three chairs ('Una y tres sillas', París, 1965), una de las piezas más conocidas del arte conceptual moderno, es esta:
En ella hay una silla, o en realidad tres: la silla real, su fotografía (representación icónica) y su definición de diccionario en un panel (representación verbal). Esta clase de vinculación entre las cosas y las palabras e imágenes con que las simbolizamos  es estudiada por la semiótica o ciencia de los signos. A menudo la relación es tan clara e inmediata como la de una silla y su definición, pero otras veces es más fácil de tergiversar la equivalencia entre la realidad y cómo se representa. Pensemos en qué “cosa” nos podría servir para ilustrar la definición de palabras como humanidad o crisis o, al contrario, qué definición o imagen dar a límite o derecho.
Estemos alerta: la complejidad de la relación entre la realidad y las palabras es aprovechada por quienes nos quieren echar encima una malla de expresiones con que tapar la realidad, o por quienes utilizan una imagen de la realidad para asociarla a palabras que no le corresponden. Hay veces que no estamos ante una y tres sillas, sino ante una silla y dos representaciones que nos venden que aquello no es silla sino mesa. Y es mentira. O que aquella imagen no se llama despido sino forzosa austeridad. Y es mentira. O que ese coche oficial no se puede definir como superfluo sino como necesario. Y eso es mentira también.
Por eso, está bien que si vemos que las palabras que nos dicen políticos o periodistas no se parecen a la realidad que vemos y experimentamos lo digamos, pacífica, clara y rotundamente. Porque nos están engañando si nos dicen que el Toledo de Ohio es como el de España. Deja tu comentario...

Mi mensaje para los que están dentro del Congreso español
 

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De la biografía de Joseph Kosuth me gusta sobre todo su comienzo: “Nacido en Toledo (Ohio) en 1945”,  que recuerda a casos como Paris (Texas) o a Mérida (Yucatán), los topónimos de España que están en el otro lado del océano, gemelos en nombre pero no en realidad a lugares de aquí. Comparemos el Toledo de Ohio con el Toledo español:
Son muy distintos, ¿verdad? Pues bien, a Joseph Kosuth pertenece la obra One and three chairs ('Una y tres sillas', París, 1965), una de las piezas más conocidas del arte conceptual moderno, es esta:
En ella hay una silla, o en realidad tres: la silla real, su fotografía (representación icónica) y su definición de diccionario en un panel (representación verbal). Esta clase de vinculación entre las cosas y las palabras e imágenes con que las simbolizamos  es estudiada por la semiótica o ciencia de los signos. A menudo la relación es tan clara e inmediata como la de una silla y su definición, pero otras veces es más fácil de tergiversar la equivalencia entre la realidad y cómo se representa. Pensemos en qué “cosa” nos podría servir para ilustrar la definición de palabras como humanidad o crisis o, al contrario, qué definición o imagen dar a límite o derecho.
Estemos alerta: la complejidad de la relación entre la realidad y las palabras es aprovechada por quienes nos quieren echar encima una malla de expresiones con que tapar la realidad, o por quienes utilizan una imagen de la realidad para asociarla a palabras que no le corresponden. Hay veces que no estamos ante una y tres sillas, sino ante una silla y dos representaciones que nos venden que aquello no es silla sino mesa. Y es mentira. O que aquella imagen no se llama despido sino forzosa austeridad. Y es mentira. O que ese coche oficial no se puede definir como superfluo sino como necesario. Y eso es mentira también.
Por eso, está bien que si vemos que las palabras que nos dicen políticos o periodistas no se parecen a la realidad que vemos y experimentamos lo digamos, pacífica, clara y rotundamente. Porque nos están engañando si nos dicen que el Toledo de Ohio es como el de España. Deja tu comentario...

Mi mensaje para los que están dentro del Congreso español
 

11 comentarios:

Olivier Iglesias dijo...

Me gusta cómo consigues mostrarnos que nos mienten gracias a la lingüística. La política y los políticos usan desgraciadamente la lengua para sus intereses y para engañar al pueblo. Y a mí como lingüista (y me imagino que a ti también, como a los demás lingüistas) me duele muchísimo que se manipule de esta manera a la lengua. Bueno, en resumen, me ha encantado esta entrada y gracias por compartir esta obra de Kosuth que no tenía el gusto de conocer.

LPR dijo...

Mira, esta frase de Orwell me gusta mucho: "La primera corrupción siempre es lingüística".

Olivier Iglesias dijo...

Ahora mismo me la apunto en algún sitio para poder recordarla. Muy buena frase. Gracias ;-)

Antonio dijo...

No es silla sino mesa, no es modular el derecho a manifestarse sino prohibirlo, no son reformas estructurales sino recortes, no son sin papeles sino personas, no es prisión permanente revisable sino cadena perpetua...
Y yo me pregunto, ¿Han confeccionado los políticos ellos solitos esa especie de "Appendix Probi" de los eufemismos?
Qué actual resulta la cita de Orwell Lola.

Gracias por esta entrada tan necesaria.

Gustavo dijo...

¡Fantástico Lola! Me ha encantado...

Blanca dijo...

A propósito de la entrada se me viene a la cabeza una reflexión de Octavio Paz, acerca de la idea de "el lenguaje vuelto mundo", es decir, la posibilidad de que el lenguaje creado de forma arbitraria por el hombre pueda llegar a convertirse en la esencia misma de las cosas. Por supuesto, al suceder esto, el lenguaje ya no sería lenguaje, sería innecesario.
Paz utiliza como ejemplo "Un coup de Dés" de Mallarmé, que quizá sea el primero en plantearse estas cuestiones dentro de la poesía; pero en España tenemos a Lorca y sus metáforas (casi) imposibles, que no solo tienen influencia surrealista sino mucho de tardosimbolismo ligado a la música. Hay que recordar que para Paz la poesía es el campo donde ese "lenguaje vuelto mundo" puede casi producirse.

En fin, como veis, creo que tal y como está la situación, es mejor hablar de poesía que de política.

Saludos (y perdón por la parrafada),

Blanca

Iñaki Cano dijo...

Pablo Bustinduy abría recientemente un artículo con una cita de Tucídides que hará las delicias de todos aquellos a los que nos interesa el cambio lingüístico:

“Para adaptarse a todos los cambios y los acontecimientos, las palabras también tuvieron que alterar sus significados habituales”

Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, III, 82

No trata la cita de justificar la manipulación de la neolengua neocón orwelliana, todo lo contrario: invita a recuperar el lenguaje, haciendo que las palabras actualicen su compromiso con la realidad, para designar (y hacer que resulten comprensibles) situaciones inéditas.

Podéis ver el artículo de Bustinduy, que incide en los términos 'constitución' e 'independencia' en su blog:

http://pourlafindutemps.com/2012/09/25/la-constitucion-y-el-lenguaje/

Anónimo dijo...

Ceci n'est pas un parlement

LPR dijo...

Gracias por vuestros comentarios, también al anónimo Magritte. Siempre es mejor hablar de poesía que de política, ¿verdad? Y es aplastante que las viejas obras, de Tucídides a Virgilio, sigan teniendo las respuestas. En esta tarde de domingo, es buena ocasión volver a abrir sus páginas. Yo voy a ello.

el argonauta dijo...

Qué entrada tan bonita...

periodico paraguay dijo...

Muy buenooo!!!

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