viernes, 2 de noviembre de 2012

Y no poder conseguirlo

Desde que empecé a trabajar en la investigación universitaria, puedo decir que no ha habido un día en que no haya al menos dedicado un rato a pensar, a hablar o a leer sobre cómo era la lengua de nuestros antepasados.
Primero descubrí este mundo en las clases que recibí en la Universidad, luego fueron los libros de otros maestros los que, en la soledad del escritorio, me permitieron seguir andando ese camino; después, fue la tentación de ser yo quien se acercase directamente al manuscrito la que me hizo escribir  mis primeras páginas sobre la materia. Más tarde conocí a otros compañeros con intereses afines a los míos, hicimos grupo, y ahí sigo... La Historia de la Lengua es ya una parte diaria de mi vida. No sabría decir si lo que me enternece más es descubrir en los textos antiguos las palabras y las expresiones que yo misma he oído y digo o, al contrario, deshilar en esos mismos textos el motivo, el sentido de las frases y las voces que hoy ya no entendemos.
Pero hay momentos de impotencia, y uno es este en que escribo, en que siento que hay un secreto grande que nunca podré saber, un velo desplegado que no se puede levantar; siento que esos hablantes del pasado se nos han perdido para siempre. Creer que vuelvo a oírlos es un espejismo delicioso. Y no poder conseguirlo es al mismo tiempo el aire que alienta el fuego y el que hace peligrar la llama.

El personaje del Señor Miedo, de Alfonso Casas
http://alfonsocasas.blogspot.com.es/
 

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Desde que empecé a trabajar en la investigación universitaria, puedo decir que no ha habido un día en que no haya al menos dedicado un rato a pensar, a hablar o a leer sobre cómo era la lengua de nuestros antepasados.
Primero descubrí este mundo en las clases que recibí en la Universidad, luego fueron los libros de otros maestros los que, en la soledad del escritorio, me permitieron seguir andando ese camino; después, fue la tentación de ser yo quien se acercase directamente al manuscrito la que me hizo escribir  mis primeras páginas sobre la materia. Más tarde conocí a otros compañeros con intereses afines a los míos, hicimos grupo, y ahí sigo... La Historia de la Lengua es ya una parte diaria de mi vida. No sabría decir si lo que me enternece más es descubrir en los textos antiguos las palabras y las expresiones que yo misma he oído y digo o, al contrario, deshilar en esos mismos textos el motivo, el sentido de las frases y las voces que hoy ya no entendemos.
Pero hay momentos de impotencia, y uno es este en que escribo, en que siento que hay un secreto grande que nunca podré saber, un velo desplegado que no se puede levantar; siento que esos hablantes del pasado se nos han perdido para siempre. Creer que vuelvo a oírlos es un espejismo delicioso. Y no poder conseguirlo es al mismo tiempo el aire que alienta el fuego y el que hace peligrar la llama.

El personaje del Señor Miedo, de Alfonso Casas
http://alfonsocasas.blogspot.com.es/
 


8 comentarios:

Antonio dijo...

Hola Lola, creo que es normal que sientas cierta impotencia en algunas ocasiones, porque entiendo que eso suele ocurrir con los grandes investigadores. Quizá ahí está la grandeza de tu trabajo; en tu esfuerzo denodado por desvelar ese gran secreto.

Cuando empecé a asistir a tus clases de Historia de la Lengua Española, me sorprendían cada día tus conocimientos no solo en diacronía, sino en cualquier disciplina lingüística. Siempre me llamó la atención —a pesar de tu juventud— tu gran preparación, tu enorme bagaje intelectual y la pasión que pones en todo lo que haces. Ese amor tuyo por la lengua antigua lo transmites en tus clases, y eso hace que muchos hayamos sentido curiosidad por una materia a la que no habríamos prestado demasiado interés de haberla cursado con otros profesores.

Yo, que ya he finalizado mi licenciatura y que aún me considero alumno tuyo —aunque no espero ya calificaciones—, nunca habría imaginado antes de asistir a tus clases que iría por la calle leyendo inscripciones y leyendas en placas, lápidas y demás soportes de iglesias y edificios antiguos, a la búsqueda de fenómenos de la historia del español vistos en clase.

Creo que en esta asignatura —en nuestra Facultad— hay un antes y un después de Lola Pons; un antes de materia imposible de aprobar, de tochos que memorizar, de métodos poco pedagógicos y de miedos y prejuicios sobre la asignatura más difícil de la carrera. Hay también un después de clases bien preparadas, de entusiasmo transmitido a los alumnos, de visitas que hacen que la materia se vea como algo más tangible y cercano, de clases participativas, de ejemplos de la lengua de hoy para entender la de ayer, etc.

Dicen que es de bien nacidos ser agradecidos; yo desde aquí te doy las gracias por haberme enseñado Historia de la Lengua. Espero que el aire sea suave y siga alimentando la llama.

Un abrazo.

Blanca dijo...

¡Qué bonita la entrada, Lola! Por cierto, ¿cuándo va a salir la entrevista a Blecua?

Aprovecho para enlazar la convocatoria del XIII Congreso Internacional de la AJIHLE. Creo que es una buena oportunidad y quizá a algún joven investigador le interese.

http://ciajihle13.usal.es/

Un saludo,

Blanca

LPR dijo...

Blanca: tomo nota de Ajihle en Salamanca, ojalá se os apunte mucha gente. Cuando reciba las respuestas de Blecua las publicaré.
Antonio: gracias por tu comentario, inmerecido por cuanto soy hija de mis maestros, también profesores de la US. Me alegro de que pienses ocasionalmente en la Historia de la Lengua en tus paseos por la calle y de que la llama te haga seguir interesado por esta materia (y este blog) cuando ya eres licenciado. Yo también me alegro de haberte tenido como alumno.

Blanca dijo...

¿Se os apunte? No, yo no tengo que ver con la organización (probablemente sí que presente una propuesta de comunicación), pero me ha parecido que como tanta gente de lugares diferentes sigue el blog, era un buen sitio para darlo a conocer :)

De nuevo, felicidades por la entrada.

Laura dijo...

Me temo, Lola, que hay otras personas que tampoco pueden (más bien deben, deóntico) dejar de pensar en la historia del español y no les hace tanta gracia: los pobres alumnos a los que se les desencaja la mandíbula cuando un día, de repente, son conscientes de todas las reglas que tienen que memorizar. Entonces, la yod se les queda en la garganta, no pueden respirar, se yodahogan y reniegan de la materia. Pues no saben lo que se pierden.

Que te siga gustando tanto y lo transmitas tan bien.

Angelus-Ruy dijo...

Yo no fui alumno tuyo en la carrera, que sí lo fui en el master, que aún reverbera en la pantalla de mi ordenador cada día entre argumentos, van dijkes y otros. Las clases suyas que disfruté me supieron a tan poco que aún me lamento. Eso sí, no son pocos los que me han hablado muy bien de sus clases en la carrera (también de lo arduo de sus clases), lo que hace que me hubiera gustado recibir algunas. Y digo algunas porque he tenido tan excelentes profesores que no puedo despreciarlos, ya que Ariza y Cano son dos enormes en lo suyo. Cada uno tan distinto del otro como una piedra de una lágrima, pero excelentísimos.

Anónimo dijo...

No te arrepientas nunca de la insatisfacción. Es lo que nos hace buscar, inquirir, encontrar. :)

LPR dijo...

Gracias por el comentario. La insatisfacción es a veces frustrante, sobre todo cuando una piensa que no está a la altura de lo que enseña. Pero hay que seguir trabajando, fallar otra vez y fallar mejor.

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