miércoles, 7 de mayo de 2014

La serie que me gusta

Trato de hacer la foto pero no me sale. Se mueve, se desenfoca, aparece inestable. Y cuando creo que está todo quieto y que es fotografiable sin riesgo de fracaso, obtengo una imagen tan mansa, estática y muerta que dejo a un lado la Polaroid aun antes de que se fijen todos los colores en el papel brillante en que se imprime la foto.
Esa mansedumbre del río del que no se sabe hacia qué lado se mueve... no la quiero, no es real. Con tanta mansedumbre el cristalino / Tajo en aquella parte caminaba, / que pudiera los ojos el camino / determinar apenas que llevaba (Garcilaso de la Vega, Égloga III).
El texto antiguo me ofrece cuanto puede, pero es río quieto. Tampoco mejora la foto si me voy al texto de hoy: el oído atento a la conversación que otros tienen junto a mí en el tren rezuma datos cuya importancia o intrascendencia aún no sé cómo tasar. ¿Se quedará ese giro lingüístico que acabo de oír durante largos años en el idioma o se perderá como aquella palabra perdida que, de plena moda en mi juventud, no se me caía de la boca? Trato de hacer la foto pero se activan solos otros filtros que no me dan una imagen exacta.

Si estudias, investigas o trabajas sobre la lengua sabes de qué contradicción hablo. Hacer la historia de la lengua de otro tiempo es ser el spoiler de la serie; ya sabes que se terminó perdiendo el caso ablativo y que al final desapareció aqueste y ganó este. Hacer el retrato de la lengua de hoy es ser el espectador inquieto que no sabe cuándo y cómo cambiará su personaje favorito en la temporada que viene. Pero a mi manera, como espectadora de la historia de la lengua que se ha hecho por los hablantes de ayer y que cada día se hace por los hablantes de hoy, pienso disfrutar de la serie terminada y de la serie cuya nueva temporada se estrena cada día. ¿Te sientas a disfrutar conmigo? Deja tu comentario.
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Trato de hacer la foto pero no me sale. Se mueve, se desenfoca, aparece inestable. Y cuando creo que está todo quieto y que es fotografiable sin riesgo de fracaso, obtengo una imagen tan mansa, estática y muerta que dejo a un lado la Polaroid aun antes de que se fijen todos los colores en el papel brillante en que se imprime la foto.
Esa mansedumbre del río del que no se sabe hacia qué lado se mueve... no la quiero, no es real. Con tanta mansedumbre el cristalino / Tajo en aquella parte caminaba, / que pudiera los ojos el camino / determinar apenas que llevaba (Garcilaso de la Vega, Égloga III).
El texto antiguo me ofrece cuanto puede, pero es río quieto. Tampoco mejora la foto si me voy al texto de hoy: el oído atento a la conversación que otros tienen junto a mí en el tren rezuma datos cuya importancia o intrascendencia aún no sé cómo tasar. ¿Se quedará ese giro lingüístico que acabo de oír durante largos años en el idioma o se perderá como aquella palabra perdida que, de plena moda en mi juventud, no se me caía de la boca? Trato de hacer la foto pero se activan solos otros filtros que no me dan una imagen exacta.

Si estudias, investigas o trabajas sobre la lengua sabes de qué contradicción hablo. Hacer la historia de la lengua de otro tiempo es ser el spoiler de la serie; ya sabes que se terminó perdiendo el caso ablativo y que al final desapareció aqueste y ganó este. Hacer el retrato de la lengua de hoy es ser el espectador inquieto que no sabe cuándo y cómo cambiará su personaje favorito en la temporada que viene. Pero a mi manera, como espectadora de la historia de la lengua que se ha hecho por los hablantes de ayer y que cada día se hace por los hablantes de hoy, pienso disfrutar de la serie terminada y de la serie cuya nueva temporada se estrena cada día. ¿Te sientas a disfrutar conmigo? Deja tu comentario.

3 comentarios:

S.M. dijo...

Ya sabes que soy un incondicional tuyo. Hasta el punto de que me has hecho cometer una cuasi-aberración, releer la Égloga III no al modo tradicional de la muerte de Elisa filtrada por la mitología y el arte sino desde el punto de vista de la gramática histórica observando, pejemplo, cómo v. 62 (qu'el sol no halla paso a la verdura) demuestra la aspiración de f- en el XVI toledano; que en v. 88 se emplea 'siesta' con valor de 'calor' como en no sé qué romance que dice 'con la gran siesta que hacía'; que en 134 se emplea 'sazón' en sentido de 'estación' (cf. fr. 'saison'). Ah, y en v. 84 (al fondo se dejó calar del río) se usa 'calar' como en menorquín referido a meterse en el agua y que casi seguro no se usa en catalán peninsular.
Pues eso. Pero ahora que caigo, ¿tú no tendrías que estar en la feria?
Santiago Maspoch
Ciutadella de Menorca

LPR dijo...

Gracias, incondicional, por esa relectura de Garcilaso. Sí que tendría que estar en la Feria, pero con este calor hoy más que el Guadalquivir apetece el Tajo en soledad amena.

Anónimo dijo...

A cazar va Don Rodrigo
y aun Don Rodrigo de Lara.
Con la gran siesta que hace
arrimádose ha a un haya
maldiciendo a Mudarrillo,
hijo de la renegada,
que si a las manos lo hubiese
que él le sacaría el alma.
Estando el señor en esto,
Mudarrillo que asomaba:
En este punto lo dejo, para mayor tensión dramática. Este, el de Abenámar y el del Rey Don Sancho, me los aprendí de los libros de texto, en la EGB, a fuerza de matar el aburrimiento.
En la ciudad de Sevilla, hay un río falso y otro auténtico. El falso se mantiene siempre quieto, para facilitar las fotografías a los turistas. El de verdad, surte la extraña magia de, cada seis horas, remansarse, detenerse e invertir el sentido de su curso. Cosas de la luna.
Por lo demás, y según el principio de incertidumbre de Heisenberg, es imposible determinar simultáneamente posición y velocidad de una partícula, así que me siento cómodamente y disfruto del paisaje (sonoro).

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