domingo, 19 de octubre de 2014

Entrevista a Francisco Rico


Francisco Rico, el más famoso editor del Quijote y posiblemente el hispanista más conocido para los estudiantes de Filología, aceptó hace meses ser entrevistado para Nosolodeyod. Algunas de las preguntas de este cuestionario fueron realizadas por los alumnos de Historia del Español II de la Universidad de Sevilla. Hemos hablado con él de Filología, de la universidad, de las jóvenes vocaciones y de poesía...
De todos los personajes que aparecen en el Quijote, ¿con cuál se siente más identificado y qué personaje podría perfilar cada etapa de su vida? (Pregunta de Dafne Benjumea) Me identifico con el bachiller Sansón Carrasco, que es un Jaimito que está allí procurando complicarlo todo, divirtiéndose mucho. De joven quizá me hubiera gustado ser el capitán, que es como un trasunto de Cervantes; de viejo me gustaría ser don Quijote y morir como él en la cama recibiendo los sacramentos, a la antigua.
Por desbarrada u original, ¿qué interpretación de El Quijote le ha sorprendido más?  No hay estupidez que no se haya dicho del Quijote. Hay interpretaciones resueltamente esotéricas: que es una epopeya de los judíos conversos, una alegoría de la conquista de América... En una interpretación vieja, que llegó de Francia a España, hay quienes han visto en el Quijote una sátira contra la nobleza española con la corte de Felipe III al fondo. Por otro lado, no es digna de ser echada en saco roto la interpretación hecha por un gran conocedor del texto, Bienvenido Morros, que tiene un libro donde dice que el Quijote enloqueció por no desahogarse en su vida sexual, es una venada erótico festiva hecha por un filólogo de gran categoría.
¿Cuándo y cómo aprendió Historia de la lengua? Yo me hice la carrera completa en primero; estudié el Navarro Tomás, el Manual de fonología histórica de don Ramón, el Lapesa y aprendí a transcribir; en Sintaxis estudié el Gili Gaya. Toda esa materia me la estudié en primero y la tenía muy practicada cuando me llegaron esas asignaturas. Me muevo bien para la Fonética Histórica pero nunca me he defendido bien con la sintaxis, y con la morfología: como cuando en Bachillerato me explicaron los pronombres y adjetivos me fui de viaje con mi abuelo nunca he acabado de distinguirlos...
¿Qué actitud tiene hacia los usos lingüísticos actuales? Puede parecer presunción y lo es, pero me juzgo con sensibilidad lingüística. Me considero una de las grandes autoridades en lingüística, no por mis estudios sino por ser hablante de verdad de la variedad castellana y luego por haberla purificado mucho con buenas lecturas. Yo soy castellano viejo y familia de castellano viejo, por consiguiente tengo buen fundamento: estudié algo de lingüística, he leído a los clásicos, tengo buen oído, por eso me considero norma del buen castellano. He vivido muchos años en Barcelona, he desarrollado capacidad de percepción y he procurado mantenemerme virgen impoluto de la posible influencia de otra variedad. Veo el juego de palabras en cualquier cosa que diga el otro y me precio de tener buen oído; soy buen improvisador de versos, jugaba con Carlos Barral a que uno golpeaba sobre la mesa un verso y el otro sacaba qué verso era. De la lengua moderna, me molesta que la gente no sea dueña de su lengua, lo mismo en España que en Italia no me gusta que la gente acate lo que se les dice sin mostrar capacidad de reacción. Dicen ahora en España boca a boca por de boca en boca, me dispara los nervios que la gente no vea que eso es falso y se ha impuesto no sé cómo, igual que se generaliza echar a faltar. Eso sí: en la duda de andó o anduvo siempre defiendo que se dice andó, pero que queda más pijo decir anduve y apegarte a una tradición que debería ser la norma de funcionamiento de la lengua. 
¿Qué le recomendaría a los alumnos que algún día se quieran dedicar, al igual que usted, a la investigación literaria? (Pregunta de Myriam Collantes de Terán) No tengo consejos prácticos, pero sí puedo aconsejar dos cosas: que lean muchos textos y que lean también mucha bibliografía. En mis tiempos era muy bueno leer las revistas de filología (la Revista de Filología Española de la primera época, la Nueva Revista de Filología Hispánica, Zeitschrift für romanische Philologie, Romance Philology...). Yo aprendí muchísimo con revistas, me compré entera la Nueva Revista de Filología Hispánica y la leí toda. Leer revistas te da muchas perspectivas para ir viendo por dónde van los tiros. Si alguien va a estudiar el Marcos Obregón de Vicente Espinel, le recomiendo (aunque parece una blasfemia) que lea primero la bibliografía, y luego ya lea bien el texto, contrastando lo que ha leído y sacando sus propias ideas. De leer el Marcos de Obregón (que, por otro lado, es bastante soso) y luego la bibliografía pueden salir muchos errores. No recomiendo la lectura inocente. 
Usted investigó en el libro “Nebrija contra los bárbaros” sobre el canon de gramáticos nefastos medievales, ¿se anima como nuestro sevillano Nebrija a hacer la relación de barbaries que amenazan hoy a la enseñanza de las letras? Estamos dominados por los medios de consumo inmediato, que nos imponen deportes, músicas y formas de vida estandarizadas de arriba para abajo, que no responden a una cultura que brota y se desarrolla espontáneamente, nacida de la sociedad sino a algo metido e impuesto... eso deja poco espacio para la cultura tradicional y menos para la literatura, la lengua, las humanidades, la cultura. Los estudiantes llegan a las universidades o a los institutos con unas lagunas terribles, y contra eso no se puede luchar: la sociedad es así. Ya expliqué esto en un trabajo mío (“Fragmentos y vínculos”, de 2010). Yo digo que si un profesor de literatura goza de verdad con la literatura y se entusiasma con un libro, comunicará perfectamente ese entusiasmo. He propuesto otro tipo de enseñanza de literatura y lengua con muchos fragmentos que intentemos vincular entre sí. Pienso que hay que imitar las formas de difusión y retención de esa cultura que nos parece insustancial (porque sin duda lo es); no creo que haya que volver a los viejos métodos de enseñanza, hay que renovarlo todo. Yo soy viejo y creo que ya hice en su día lo que tenía que hacer, pero hay que pensar en un sistema nuevo, que corresponda a la sociedad. No debemos pensar que en 140 caracteres podemos transmitir la literatura, tampoco puede hacerlo la pantalla de Facebook, pero hay que montar formas de comunicar que utilicen no esos medios sino los principios en que se basan esos medios... 
¿Confía en la universidad actual? Confío en la universidad: me he sentido siempre muy universitario y creo en la universidad pública: ayudé en su momento a fundar la Universidad Autónoma de Barcelona, pero es evidente que hay que cambiarlo todo mucho. Tiendo a pensar en un sistema como el norteamericano, con colleges de tres años tras lo cual a la inmensa mayoría de los estudiantes no le interesa seguir, y al que quiera hacerlo se le ofrece el doctorado, las altas escuelas de especialización... Claro que la universidad funciona, y muy bien incluso, dada la situación: se producen cosas, se investiga pese a las trabas y la gente acaba las carreras con una cierta capacidad profesional. Pero ahora no sabemos para qué les enseñamos. Cuando yo estudié, uno de mis maestros (Blecua) daba por supuesto que todos íbamos a ser profesores de instituto; cuando empecé a enseñar sabía muy bien qué tenía que hacer con los alumnos. Ahora se ha perdido ese horizonte y ya no sé qué enseñarles ni para qué les enseño. Las pocas clases que di los últimos años me cansaban por la falta de objetivo. 
En sus Coplas, Jorge Manrique decía que las ficciones traen sabores de yerbas secretas. Su segundo apellido es “Manrique”, díganos qué yervas de la ficción lo siguen envenenando. De las hierbas secretas me sigue gustando la poesía en proporciones moderadas, e incluso sigo escribiendo poesía satírica. He vivido desde joven entre escritores, de una generación anterior a la que me corresponde: Jaime Gil de Biedma, Ana M.ª Matute, Carlos Barral, los Goytisolo, y el que más he querido y admirado: Juan Benet. La ficción cada día me gusta menos porque me cuesta mucho leer novelas; me interesa más la prosa de hechos reales, la buena prosa narrativa de  historiadores españoles modernos como Álvarez Junco o el historiador de la literatura José-Carlos Mainer... Disfruto mucho una buena prosa incluso tan artificiosa como la de Azorín o la de catalanes espléndidos como Josep Pla, quizá el mejor prosista del siglo. En fin, mis yervas secretas son las menos secretas. 
Un verso para terminar. Porque sepas que siempre te he querido. Es un verso español de una historia rarísima: un endecasílabo que nadie sabe de quién es y que no se documenta nunca en España. Lo cita Valerie Larbaud en una novela preciosa, Fermina Márquez, luego Eugene Montale (ambos eran amigos) y el ensayista y poeta irlandés Cyril Connolly, que pudo usar a Larbaud como fuente. Me preguntaron una vez por este verso, hice indagaciones con Pere Gimferrer y Andrés Trapiello pero no pudimos encontrar nada. Tal vez no sea de un poeta sino de una canción, un cuplé del estilo de Tórtola Valencia.

Agradecemos al profesor Rico 
su disponibilidad para ser entrevistado en este blog
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Francisco Rico, el más famoso editor del Quijote y posiblemente el hispanista más conocido para los estudiantes de Filología, aceptó hace meses ser entrevistado para Nosolodeyod. Algunas de las preguntas de este cuestionario fueron realizadas por los alumnos de Historia del Español II de la Universidad de Sevilla. Hemos hablado con él de Filología, de la universidad, de las jóvenes vocaciones y de poesía...
De todos los personajes que aparecen en el Quijote, ¿con cuál se siente más identificado y qué personaje podría perfilar cada etapa de su vida? (Pregunta de Dafne Benjumea) Me identifico con el bachiller Sansón Carrasco, que es un Jaimito que está allí procurando complicarlo todo, divirtiéndose mucho. De joven quizá me hubiera gustado ser el capitán, que es como un trasunto de Cervantes; de viejo me gustaría ser don Quijote y morir como él en la cama recibiendo los sacramentos, a la antigua.
Por desbarrada u original, ¿qué interpretación de El Quijote le ha sorprendido más?  No hay estupidez que no se haya dicho del Quijote. Hay interpretaciones resueltamente esotéricas: que es una epopeya de los judíos conversos, una alegoría de la conquista de América... En una interpretación vieja, que llegó de Francia a España, hay quienes han visto en el Quijote una sátira contra la nobleza española con la corte de Felipe III al fondo. Por otro lado, no es digna de ser echada en saco roto la interpretación hecha por un gran conocedor del texto, Bienvenido Morros, que tiene un libro donde dice que el Quijote enloqueció por no desahogarse en su vida sexual, es una venada erótico festiva hecha por un filólogo de gran categoría.
¿Cuándo y cómo aprendió Historia de la lengua? Yo me hice la carrera completa en primero; estudié el Navarro Tomás, el Manual de fonología histórica de don Ramón, el Lapesa y aprendí a transcribir; en Sintaxis estudié el Gili Gaya. Toda esa materia me la estudié en primero y la tenía muy practicada cuando me llegaron esas asignaturas. Me muevo bien para la Fonética Histórica pero nunca me he defendido bien con la sintaxis, y con la morfología: como cuando en Bachillerato me explicaron los pronombres y adjetivos me fui de viaje con mi abuelo nunca he acabado de distinguirlos...
¿Qué actitud tiene hacia los usos lingüísticos actuales? Puede parecer presunción y lo es, pero me juzgo con sensibilidad lingüística. Me considero una de las grandes autoridades en lingüística, no por mis estudios sino por ser hablante de verdad de la variedad castellana y luego por haberla purificado mucho con buenas lecturas. Yo soy castellano viejo y familia de castellano viejo, por consiguiente tengo buen fundamento: estudié algo de lingüística, he leído a los clásicos, tengo buen oído, por eso me considero norma del buen castellano. He vivido muchos años en Barcelona, he desarrollado capacidad de percepción y he procurado mantenemerme virgen impoluto de la posible influencia de otra variedad. Veo el juego de palabras en cualquier cosa que diga el otro y me precio de tener buen oído; soy buen improvisador de versos, jugaba con Carlos Barral a que uno golpeaba sobre la mesa un verso y el otro sacaba qué verso era. De la lengua moderna, me molesta que la gente no sea dueña de su lengua, lo mismo en España que en Italia no me gusta que la gente acate lo que se les dice sin mostrar capacidad de reacción. Dicen ahora en España boca a boca por de boca en boca, me dispara los nervios que la gente no vea que eso es falso y se ha impuesto no sé cómo, igual que se generaliza echar a faltar. Eso sí: en la duda de andó o anduvo siempre defiendo que se dice andó, pero que queda más pijo decir anduve y apegarte a una tradición que debería ser la norma de funcionamiento de la lengua. 
¿Qué le recomendaría a los alumnos que algún día se quieran dedicar, al igual que usted, a la investigación literaria? (Pregunta de Myriam Collantes de Terán) No tengo consejos prácticos, pero sí puedo aconsejar dos cosas: que lean muchos textos y que lean también mucha bibliografía. En mis tiempos era muy bueno leer las revistas de filología (la Revista de Filología Española de la primera época, la Nueva Revista de Filología Hispánica, Zeitschrift für romanische Philologie, Romance Philology...). Yo aprendí muchísimo con revistas, me compré entera la Nueva Revista de Filología Hispánica y la leí toda. Leer revistas te da muchas perspectivas para ir viendo por dónde van los tiros. Si alguien va a estudiar el Marcos Obregón de Vicente Espinel, le recomiendo (aunque parece una blasfemia) que lea primero la bibliografía, y luego ya lea bien el texto, contrastando lo que ha leído y sacando sus propias ideas. De leer el Marcos de Obregón (que, por otro lado, es bastante soso) y luego la bibliografía pueden salir muchos errores. No recomiendo la lectura inocente. 
Usted investigó en el libro “Nebrija contra los bárbaros” sobre el canon de gramáticos nefastos medievales, ¿se anima como nuestro sevillano Nebrija a hacer la relación de barbaries que amenazan hoy a la enseñanza de las letras? Estamos dominados por los medios de consumo inmediato, que nos imponen deportes, músicas y formas de vida estandarizadas de arriba para abajo, que no responden a una cultura que brota y se desarrolla espontáneamente, nacida de la sociedad sino a algo metido e impuesto... eso deja poco espacio para la cultura tradicional y menos para la literatura, la lengua, las humanidades, la cultura. Los estudiantes llegan a las universidades o a los institutos con unas lagunas terribles, y contra eso no se puede luchar: la sociedad es así. Ya expliqué esto en un trabajo mío (“Fragmentos y vínculos”, de 2010). Yo digo que si un profesor de literatura goza de verdad con la literatura y se entusiasma con un libro, comunicará perfectamente ese entusiasmo. He propuesto otro tipo de enseñanza de literatura y lengua con muchos fragmentos que intentemos vincular entre sí. Pienso que hay que imitar las formas de difusión y retención de esa cultura que nos parece insustancial (porque sin duda lo es); no creo que haya que volver a los viejos métodos de enseñanza, hay que renovarlo todo. Yo soy viejo y creo que ya hice en su día lo que tenía que hacer, pero hay que pensar en un sistema nuevo, que corresponda a la sociedad. No debemos pensar que en 140 caracteres podemos transmitir la literatura, tampoco puede hacerlo la pantalla de Facebook, pero hay que montar formas de comunicar que utilicen no esos medios sino los principios en que se basan esos medios... 
¿Confía en la universidad actual? Confío en la universidad: me he sentido siempre muy universitario y creo en la universidad pública: ayudé en su momento a fundar la Universidad Autónoma de Barcelona, pero es evidente que hay que cambiarlo todo mucho. Tiendo a pensar en un sistema como el norteamericano, con colleges de tres años tras lo cual a la inmensa mayoría de los estudiantes no le interesa seguir, y al que quiera hacerlo se le ofrece el doctorado, las altas escuelas de especialización... Claro que la universidad funciona, y muy bien incluso, dada la situación: se producen cosas, se investiga pese a las trabas y la gente acaba las carreras con una cierta capacidad profesional. Pero ahora no sabemos para qué les enseñamos. Cuando yo estudié, uno de mis maestros (Blecua) daba por supuesto que todos íbamos a ser profesores de instituto; cuando empecé a enseñar sabía muy bien qué tenía que hacer con los alumnos. Ahora se ha perdido ese horizonte y ya no sé qué enseñarles ni para qué les enseño. Las pocas clases que di los últimos años me cansaban por la falta de objetivo. 
En sus Coplas, Jorge Manrique decía que las ficciones traen sabores de yerbas secretas. Su segundo apellido es “Manrique”, díganos qué yervas de la ficción lo siguen envenenando. De las hierbas secretas me sigue gustando la poesía en proporciones moderadas, e incluso sigo escribiendo poesía satírica. He vivido desde joven entre escritores, de una generación anterior a la que me corresponde: Jaime Gil de Biedma, Ana M.ª Matute, Carlos Barral, los Goytisolo, y el que más he querido y admirado: Juan Benet. La ficción cada día me gusta menos porque me cuesta mucho leer novelas; me interesa más la prosa de hechos reales, la buena prosa narrativa de  historiadores españoles modernos como Álvarez Junco o el historiador de la literatura José-Carlos Mainer... Disfruto mucho una buena prosa incluso tan artificiosa como la de Azorín o la de catalanes espléndidos como Josep Pla, quizá el mejor prosista del siglo. En fin, mis yervas secretas son las menos secretas. 
Un verso para terminar. Porque sepas que siempre te he querido. Es un verso español de una historia rarísima: un endecasílabo que nadie sabe de quién es y que no se documenta nunca en España. Lo cita Valerie Larbaud en una novela preciosa, Fermina Márquez, luego Eugene Montale (ambos eran amigos) y el ensayista y poeta irlandés Cyril Connolly, que pudo usar a Larbaud como fuente. Me preguntaron una vez por este verso, hice indagaciones con Pere Gimferrer y Andrés Trapiello pero no pudimos encontrar nada. Tal vez no sea de un poeta sino de una canción, un cuplé del estilo de Tórtola Valencia.

Agradecemos al profesor Rico 
su disponibilidad para ser entrevistado en este blog

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No soy tan tonto como parezco. Francisco Rico

Myriam dijo...

[Hasta ahora que he podido volver a pasarme por aquí, no recordaba que tenía pendiente aquella firma que en su momento no se podía poner :( ¡Allá va! Mejor tarde que nunca :)]

¡Hola, Lola!

Interesantísima entrevista. Las sabias palabras de don Francisco Rico deberían ser leídas por todo el mundo (no solo por quienes formamos parte del mundo de las letras) y servir como norma principal a los más jóvenes que, como bien comenta el profesor, están sumergidos en una sociedad basada en continuas imposiciones. Para mí, una frase a destacar es la siguiente: "por ser hablante de verdad de la variedad castellana y luego por haberla purificado mucho con buenas lecturas".

Le agradezco a don Francisco su respuesta y a ti Lola el haberla incluido. No conocía algunas de esas revistas y nunca es tarde para comenzar nuevas lecturas ¿Sabes dónde podría encontrar el verso que ha comentado al final de la entrevista? Me he quedado con la intriga.

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Qué suerte haber tenido un abuelo así.
Aunque le robase los adjetivos y los pronombres.
Pecata minuta.
María T.

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