domingo, 21 de febrero de 2016

Por la yod al arte (VII): nada es absoluto

Al principio lo ves todo negro. Y lo digo en el sentido literal: ante una de las famosas figuras negras del artista norteamericano Ad Reinhart 
(1913-1967), el visitante del museo solo percibía en principio una misma tonalidad regular, el negro.  
El ojo se te hace y, parado ante la tabla, por ejemplo, en la Tate Modern de Londres, donde está el cuadro de 1962 que pongo aquí, descubres que, si bien lo miras, hay en este cuadro campos de color con forma de cruz. Lo que nos parece uniforme y monocolor, aquello que parece poder describirse de forma absoluta y general, resulta no ser tan absoluto ni categórico.
Si te paras a pensarlo, pocas cosas hay absolutas en la lengua.
Aprendemos que las palabras pueden etiquetarse gramaticalmente, pero después “desaprendemos” cuando vemos que las oraciones pueden trabajar como sustantivos (Tengo un no sé qué que me preocupa), que los sustantivos pueden ser adjetivos (el hombre bala del circo), que los adjetivos pueden ser adverbios (Habla rápido y come sano) o que los verbos pueden ser sustantivos (por los andares te conozco). En la lectura de los documentos antiguos hay muchas cosas que no aparecen a simple vista y que merece la pena mirar. Por ejemplo, la hoja al trasluz tiene una marca de agua. La encuadernación que es mera cubierta se puede haber hecho con un documento que es más trascendental e importante para nosotros que el propio contenido del libro.
Pionero e importante teórico del arte conceptual, Reinhardt nos enseña que hay que acomodar nuestra percepción para ver las cosas que aparentemente no están. Él fue reduciendo su paleta de colores hasta hacer cuadros aparentemente monocromáticos (¿todo rojo? ¿todo negro? realmente no...) para que nos cuestionemos si existen los absolutos.
Mirar bien. Pero no como en un juego de ingenio donde hay que buscar lo que está escondido, sino como una gimnasia intelectual constante: no aceptar  el dogmatismo ni los absolutos.
¿Qué cosas aprendiste en clase de Lengua que luego comprobaste era matizable por todos lados? Deja tu comentario...
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Al principio lo ves todo negro. Y lo digo en el sentido literal: ante una de las famosas figuras negras del artista norteamericano Ad Reinhart 
(1913-1967), el visitante del museo solo percibía en principio una misma tonalidad regular, el negro.  
El ojo se te hace y, parado ante la tabla, por ejemplo, en la Tate Modern de Londres, donde está el cuadro de 1962 que pongo aquí, descubres que, si bien lo miras, hay en este cuadro campos de color con forma de cruz. Lo que nos parece uniforme y monocolor, aquello que parece poder describirse de forma absoluta y general, resulta no ser tan absoluto ni categórico.
Si te paras a pensarlo, pocas cosas hay absolutas en la lengua.
Aprendemos que las palabras pueden etiquetarse gramaticalmente, pero después “desaprendemos” cuando vemos que las oraciones pueden trabajar como sustantivos (Tengo un no sé qué que me preocupa), que los sustantivos pueden ser adjetivos (el hombre bala del circo), que los adjetivos pueden ser adverbios (Habla rápido y come sano) o que los verbos pueden ser sustantivos (por los andares te conozco). En la lectura de los documentos antiguos hay muchas cosas que no aparecen a simple vista y que merece la pena mirar. Por ejemplo, la hoja al trasluz tiene una marca de agua. La encuadernación que es mera cubierta se puede haber hecho con un documento que es más trascendental e importante para nosotros que el propio contenido del libro.
Pionero e importante teórico del arte conceptual, Reinhardt nos enseña que hay que acomodar nuestra percepción para ver las cosas que aparentemente no están. Él fue reduciendo su paleta de colores hasta hacer cuadros aparentemente monocromáticos (¿todo rojo? ¿todo negro? realmente no...) para que nos cuestionemos si existen los absolutos.
Mirar bien. Pero no como en un juego de ingenio donde hay que buscar lo que está escondido, sino como una gimnasia intelectual constante: no aceptar  el dogmatismo ni los absolutos.
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