jueves, 12 de enero de 2017

¡Cotilleos!

¡Escucha, que te vas a quedar muerta, bonita! Te voy a contar cuatro rarezas de literatos y filólogos ya fallecidos. Cuatro nada más, que Nosolodeyod no parezca el Hola.
1. Si has estudiado la historia de haber y tener como verbos de posesión en español, te sonará el nombre de Eva Seifert, que escribió en 1930 un artículo al respecto muy citado en los últimos 50 años... Pues esta profesora Seifert fue una de las amistades amorosas que tuvo el poeta sevillano Vicente Aleixandre, una amistad muy prolongada en el tiempo y con algún episodio oscuro. Se pueden ver más datos en la biografía de Vicente Aleixandre que escribió Emilio Calderón (La memoria de un hombre está en sus besos).

2. ¿Recuerdas a esas dos chicas, una morena y una rubia, que cantaban muy lánguidas y con las voces muy bien empastadas entre sí? Ella Baila Sola eran éxito total a fines de los 90, y la morena, Marilia, es la bisnieta de Julio Casares (1877-1964), autor del famoso y originalísimo Diccionario ideológico de la lengua española. Como curiosidad añadida, hay que señalar que J. Casares, que fue también académico de la RAE y diplomático, fue violinista y tocaba en la Orquesta del Teatro real. 

3. La ciudad no es para mí, una de esas películas (1966) de Paco Martínez Soria que reponen todos los años en la tele. La historia te sonará incluso sin haber visto la peli: el abuelete de un pueblo aragonés que va a Madrid a visitar a su hijo y descubre los pecados y los placeres de una gran ciudad. El guion original fue escrito por el también académico y también aragonés Fernando Lázaro Carreter, que se refería a esta obra como un “pecado venial”.

4. Antonio Machado comía papel. Literalmente. Lo confiesa él mismo en alguna de las cartas del epistolario que editó Jordi Doménech (una colección de cartas interesantísimas, quizá menos las últimas, las dirigidas a P. Valderrama). Que mordisqueaba esquinas de papel, por distracción del estómago o del tiempo, ya había sido referido por algún coetáneo y está explicado en este artículo también. 
Más interesante es leer a Aleixandre o Machado, estudiar el viejo diccionario de Casares o recorrer algunas de las obras filológicas de Lázaro Carreter. Pero estas noticias oficiosas dan para ilustrar alguna conversación filológica, ¿verdad? Deja tu comentario.
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¡Escucha, que te vas a quedar muerta, bonita! Te voy a contar cuatro rarezas de literatos y filólogos ya fallecidos. Cuatro nada más, que Nosolodeyod no parezca el Hola.
1. Si has estudiado la historia de haber y tener como verbos de posesión en español, te sonará el nombre de Eva Seifert, que escribió en 1930 un artículo al respecto muy citado en los últimos 50 años... Pues esta profesora Seifert fue una de las amistades amorosas que tuvo el poeta sevillano Vicente Aleixandre, una amistad muy prolongada en el tiempo y con algún episodio oscuro. Se pueden ver más datos en la biografía de Vicente Aleixandre que escribió Emilio Calderón (La memoria de un hombre está en sus besos).

2. ¿Recuerdas a esas dos chicas, una morena y una rubia, que cantaban muy lánguidas y con las voces muy bien empastadas entre sí? Ella Baila Sola eran éxito total a fines de los 90, y la morena, Marilia, es la bisnieta de Julio Casares (1877-1964), autor del famoso y originalísimo Diccionario ideológico de la lengua española. Como curiosidad añadida, hay que señalar que J. Casares, que fue también académico de la RAE y diplomático, fue violinista y tocaba en la Orquesta del Teatro real. 

3. La ciudad no es para mí, una de esas películas (1966) de Paco Martínez Soria que reponen todos los años en la tele. La historia te sonará incluso sin haber visto la peli: el abuelete de un pueblo aragonés que va a Madrid a visitar a su hijo y descubre los pecados y los placeres de una gran ciudad. El guion original fue escrito por el también académico y también aragonés Fernando Lázaro Carreter, que se refería a esta obra como un “pecado venial”.

4. Antonio Machado comía papel. Literalmente. Lo confiesa él mismo en alguna de las cartas del epistolario que editó Jordi Doménech (una colección de cartas interesantísimas, quizá menos las últimas, las dirigidas a P. Valderrama). Que mordisqueaba esquinas de papel, por distracción del estómago o del tiempo, ya había sido referido por algún coetáneo y está explicado en este artículo también. 
Más interesante es leer a Aleixandre o Machado, estudiar el viejo diccionario de Casares o recorrer algunas de las obras filológicas de Lázaro Carreter. Pero estas noticias oficiosas dan para ilustrar alguna conversación filológica, ¿verdad? Deja tu comentario.

1 comentarios:

Antonio dijo...

No conocía estos cotilleos. Son nutritivos. Ah, como anécdota, tengo un vinilo de Paco Martínez Soria, y a Fernando Lázaro Carreter lo conocí en un hotel. ;)

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