jueves, 17 de mayo de 2018

Por la yod al arte (VIII): los libros como abrigo

Varias veces en este blog he hablado de arte conceptual y, en concreto, de fotografía conceptual. De hecho, de esa disciplina se llenó el blog durante el tiempo que estuve trabajando con una serie temática que abandoné y que hoy recupero: por la yod al arte. Y vuelvo a ella porque estas fotografías del islandés Sigurdur Gudmundsson tienen los ingredientes que me gustan en esta clase de fotos. Me gustan porque la escenografía y las poses, en su escenario antiguo y en su calidad de fotos de los años setenta sin retoque digital, pierden pretenciosidad al verlas ahora, en 2018. Y me gustan porque son fotos que se pueden interpretar como el diálogo entre un hombre y una realidad. Reales sí, son los objetos y paisajes que nos rodean, y real es, al menos para mí, algo tan social como la lengua. Podéis ver más aquí.

miércoles, 25 de abril de 2018

Instantáneas #34. Abril 2018

Volvía hoy a casa pensando en que, mes tras mes, estas instantáneas que van apareciendo en el blog reflejan, como en un diario nada íntimo, las filologadas más relevantes que hago. En este mes de abril, como en otros, puedo contar que escribí en El País hablando de la expresión en plan y su uso en el lenguaje juvenil, así como de la vieja elle que una parte no yeísta de los hispanohablantes aún conserva. Podría explicar, y lo contaría con sincera alegría, que también colaboré con una sección del periódico que me encanta (De mamas & de papas) hablando de la adquisición del lenguaje. Podría hablar de entrevistas o de conferencias que fui a dar a algún sitio. Podría... Pero esta filología pública no reflejaría mi día a día ni mi filología privada, de casa. No permiten ninguna foto particularmente interesante para los lectores de este blog los actos que  llenan mi rutina y que son, en cambio, las cosas filológicas que más me gusta hacer. Ando investigando sobre gramática andaluza para una conferencia que doy próximamente en Austria, y esa investigación implica horas de lectura y anotación, por una parte, y horas de recolección de ejemplos, por otra. También estoy escribiendo un libro que espero terminar a final de este año 2018; me encanta el tema y el texto que estoy editando, pero voy lenta, y siento que estoy cosiendo un manto de kilómetros del que apenas llevo un centímetro bordado. No me desespero nada, porque ya sé, lo aprendí en mi tesis, que tras echar horas a un proyecto hay un día insospechado en que este es fruta madura, y cae hecho. Y junto con esos dos asuntos de investigación que me ocupan, estoy dirigiendo trabajos de fin de máster, atendiendo lo mejor que puedo a mis doctorandos, empezando a organizar un congreso y escribiendo para este blog.
De todo eso no hay foto, o quizá haya una dentro de meses o semanas, cuando (ojalá) los TFM y tesis se defiendan, los libros se terminen y las conferencias se pronuncien. Esas fotos y esos textos reflejarán entonces el logro pero no el trayecto, y es que a mí a estas alturas lo que me gusta más es el camino, la ruta y no tanto el colofón.  Por eso, cuando volvía hoy a casa, decidí que, al menos para este mes, esta entrada de instantáneas no enseñaría imágenes de final de meta. En esta entrada, la foto es el propio texto que escribo en el blog, un reflejo en chiquitito de todos los textos que he tecleado este mes y que siguen inacabados, estoy sosegadamente elaborando las próximas fotografías.

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Volvía hoy a casa pensando en que, mes tras mes, estas instantáneas que van apareciendo en el blog reflejan, como en un diario nada íntimo, las filologadas más relevantes que hago. En este mes de abril, como en otros, puedo contar que escribí en El País hablando de la expresión en plan y su uso en el lenguaje juvenil, así como de la vieja elle que una parte no yeísta de los hispanohablantes aún conserva. Podría explicar, y lo contaría con sincera alegría, que también colaboré con una sección del periódico que me encanta (De mamas & de papas) hablando de la adquisición del lenguaje. Podría hablar de entrevistas o de conferencias que fui a dar a algún sitio. Podría... Pero esta filología pública no reflejaría mi día a día ni mi filología privada, de casa. No permiten ninguna foto particularmente interesante para los lectores de este blog los actos que  llenan mi rutina y que son, en cambio, las cosas filológicas que más me gusta hacer. Ando investigando sobre gramática andaluza para una conferencia que doy próximamente en Austria, y esa investigación implica horas de lectura y anotación, por una parte, y horas de recolección de ejemplos, por otra. También estoy escribiendo un libro que espero terminar a final de este año 2018; me encanta el tema y el texto que estoy editando, pero voy lenta, y siento que estoy cosiendo un manto de kilómetros del que apenas llevo un centímetro bordado. No me desespero nada, porque ya sé, lo aprendí en mi tesis, que tras echar horas a un proyecto hay un día insospechado en que este es fruta madura, y cae hecho. Y junto con esos dos asuntos de investigación que me ocupan, estoy dirigiendo trabajos de fin de máster, atendiendo lo mejor que puedo a mis doctorandos, empezando a organizar un congreso y escribiendo para este blog.
De todo eso no hay foto, o quizá haya una dentro de meses o semanas, cuando (ojalá) los TFM y tesis se defiendan, los libros se terminen y las conferencias se pronuncien. Esas fotos y esos textos reflejarán entonces el logro pero no el trayecto, y es que a mí a estas alturas lo que me gusta más es el camino, la ruta y no tanto el colofón.  Por eso, cuando volvía hoy a casa, decidí que, al menos para este mes, esta entrada de instantáneas no enseñaría imágenes de final de meta. En esta entrada, la foto es el propio texto que escribo en el blog, un reflejo en chiquitito de todos los textos que he tecleado este mes y que siguen inacabados, estoy sosegadamente elaborando las próximas fotografías.

martes, 10 de abril de 2018

Aprender a enseñar


El final del curso se empieza a vislumbrar. Para unos será un curso más que se acaba y para otros será el fin del grado, el fin del máster, el fin de la preparación de unas oposiciones. Hoy os recomiendo en el blog un curso que puede serviros para abrir nuevos horizontes, para preparar en el currículum una estancia fuera de España como profesor, para probar si os gusta o no la experiencia de dar clases de español como lengua extranjera y decidir a partir de ahí la posible realización de un máster... Es un curso de referencia dentro de su ámbito, avalado por años de continuidad y un éxito constante de matrículas.
En septiembre y durante tres semanas se organiza en la Universidad de Sevilla, y con la homologación de una institución estatal como el Instituto Cervantes, el Curso de Formación para Profesores de Español como L2. Son ya dieciocho años los que llevamos organizando este curso, aunque este año yo me estreno como directora tras una larga etapa en que ha ejercido como tal mi compañera Eva Bravo. 
Déjame que te cuente cómo se organiza el curso: son tres semanas de clase (eliges el turno: o mañana o tarde) y luego una fase de prácticas (eliges hacer un trabajo en forma de unidad didáctica o ejercer haciendo prácticas en alguna academia o centro de enseñanza); el profesorado pertenece a diversas universidades y centros de enseñanza españoles. Puedes preinscribirte e informarte en este enlace o en el correo electrónico: cursol2@us.es 
Me encantará verte por Sevilla en septiembre y saber que vas a terminar el curso con una buena formación introductoria y un título bajo el brazo para lanzarte a trabajar como lector, auxiliar de conversación o profe de español por el mundo.
Las oportunidades hay que crearlas. ¿Quieres crearte una?

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El final del curso se empieza a vislumbrar. Para unos será un curso más que se acaba y para otros será el fin del grado, el fin del máster, el fin de la preparación de unas oposiciones. Hoy os recomiendo en el blog un curso que puede serviros para abrir nuevos horizontes, para preparar en el currículum una estancia fuera de España como profesor, para probar si os gusta o no la experiencia de dar clases de español como lengua extranjera y decidir a partir de ahí la posible realización de un máster... Es un curso de referencia dentro de su ámbito, avalado por años de continuidad y un éxito constante de matrículas.
En septiembre y durante tres semanas se organiza en la Universidad de Sevilla, y con la homologación de una institución estatal como el Instituto Cervantes, el Curso de Formación para Profesores de Español como L2. Son ya dieciocho años los que llevamos organizando este curso, aunque este año yo me estreno como directora tras una larga etapa en que ha ejercido como tal mi compañera Eva Bravo. 
Déjame que te cuente cómo se organiza el curso: son tres semanas de clase (eliges el turno: o mañana o tarde) y luego una fase de prácticas (eliges hacer un trabajo en forma de unidad didáctica o ejercer haciendo prácticas en alguna academia o centro de enseñanza); el profesorado pertenece a diversas universidades y centros de enseñanza españoles. Puedes preinscribirte e informarte en este enlace o en el correo electrónico: cursol2@us.es 
Me encantará verte por Sevilla en septiembre y saber que vas a terminar el curso con una buena formación introductoria y un título bajo el brazo para lanzarte a trabajar como lector, auxiliar de conversación o profe de español por el mundo.
Las oportunidades hay que crearlas. ¿Quieres crearte una?

miércoles, 28 de marzo de 2018

Instantáneas #33. Marzo 2018


El tribunal estuvo compuesto por
Álvaro Octavio de Toledo, M. Jesús Torrens, Belén Almeida,
Cristina Moya y Florencio del Barrio
Es víspera de Madrugá y voy murmurando de fondo por la casa unos versos de un poema que cité hace tiempo aquí (“Viernes Santo” de Javier Salvago): “La misma luna, el mismo / perfume del naranjo / aromando las calles, / donde la vida estalla”. Los ciclos nos hacen entender el mundo, comprender los cambios de tiempo y ascenderlos, si ello nos complace, a categoría de rito. La vida universitaria es fuertemente cíclica: todos los septiembres empieza, todos los junios acaba; “adoptas” a un estudiante como investigador para guiarlo en su tesis, y luego termina y ha de empezar a buscar su lugar en el mundo. Los textos también tienen su ciclo, desde que los empiezas escribiendo ideas hasta que, una vez terminados, lo dejas dormir unos días antes de lanzarlos a que empiecen a navegar en la lectura ajena. La rutina, que a otros atrofia y disgusta, a mí me serena y me abraza. Me gustan los ciclos.
Hoy miro hacia atrás y veo que este marzo ha terminado justamente con los cierres de algunos ciclos y la apertura de otros nuevos. De los ciclos que se cierran os doy cuenta aquí:
-La tesis de mi discípulo Jaime González se defendió el 5 de marzo. Obtuvo un sobresaliente cum laude y la concesión de mención internacional. 
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El tribunal estuvo compuesto por
Álvaro Octavio de Toledo, M. Jesús Torrens, Belén Almeida,
Cristina Moya y Florencio del Barrio
Es víspera de Madrugá y voy murmurando de fondo por la casa unos versos de un poema que cité hace tiempo aquí (“Viernes Santo” de Javier Salvago): “La misma luna, el mismo / perfume del naranjo / aromando las calles, / donde la vida estalla”. Los ciclos nos hacen entender el mundo, comprender los cambios de tiempo y ascenderlos, si ello nos complace, a categoría de rito. La vida universitaria es fuertemente cíclica: todos los septiembres empieza, todos los junios acaba; “adoptas” a un estudiante como investigador para guiarlo en su tesis, y luego termina y ha de empezar a buscar su lugar en el mundo. Los textos también tienen su ciclo, desde que los empiezas escribiendo ideas hasta que, una vez terminados, lo dejas dormir unos días antes de lanzarlos a que empiecen a navegar en la lectura ajena. La rutina, que a otros atrofia y disgusta, a mí me serena y me abraza. Me gustan los ciclos.
Hoy miro hacia atrás y veo que este marzo ha terminado justamente con los cierres de algunos ciclos y la apertura de otros nuevos. De los ciclos que se cierran os doy cuenta aquí:
-La tesis de mi discípulo Jaime González se defendió el 5 de marzo. Obtuvo un sobresaliente cum laude y la concesión de mención internacional.